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Martes , 23.04.2019 / 01:25 Hoy

Corredor Fronterizo

Patios de refugiados en México

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"Si sales de la casa, lleva a tus hijos. No dejes a tus hijos con nadie", se lee en un letrero improvisado pegado en la puerta de salida del área principal.

Aquí da la impresión de que todo es improvisado: la limpieza del lugar, la preparación de alimentos, el almacén de víveres y ropa, la ubicación de las tiendas de campaña, la disposición de la basura, la atención médica, el ingreso y salida de la casa, etcétera.

La situación rebasó la capacidad y recursos de los responsables. Solo intentan hacer lo necesario para que 350 personas -niños, mujeres, hombres- hagan su día a día en un espacio reducido a la espera de su turno. Por eso, si quieren usar uno de los tres sanitarios deben hacer fila y llevar su propio garrafón de agua; por eso se improvisaron regaderas al descubierto -en el patio-, donde los hombres se bañan; por eso los niños comen sentados en el suelo o en la escalera o donde se pueda; por eso las personas hacen fila para usar los talladores y lavar su ropa, o cargar su celular; por eso colocaron en escuadra bancas bajo una lona para que algunos puedan cubrirse del sol abrasador; por eso en una de las oficinas se amontonan tantas colchonetas como personas albergadas, que se emplean solo de noche para tirarse al piso e intentar descansar; por eso el área común se usa como sala de TV, comedor, aula o dormitorio, según se requiera.

Casa del Migrante AMAR AC, en Nuevo Laredo, inauguró meses atrás su albergue en el centro de la ciudad, cerca de los puentes internacionales. Después de ocho años de servicio lograron pagar la mitad de sus nuevas instalaciones, donde proyectaron que podrían albergar a más de 20 personas-la capacidad en su anterior local- y tener ahora capacidad de recibir hasta cien. Durante las últimas semanas a Casa AMAR han llegado migrantes de tránsito rumbo a EUA procedentes de Angola, República Democrática del Congo, Venezuela, Cuba, Brasil, Honduras, El Salvador, Nicaragua; pero también mexicanos de Guerrero, SLP, etcétera; la mayoría de ellos han esperado semanas para ser recibidos por autoridades migratorias del vecino país, lo que ha generado una situación de emergencia para el administrador de la casa y sus pocos voluntarios.

Casa AMAR recibió a migrantes cubanos cuando llegaron a esa frontera en el año 2017; hoy albergan a 350 personas que necesitan alimento, cobijo, atención médica, espiritual y psicológica. Por si fuera poco, los migrantes requieren ser protegidos de la inseguridad y violencia contra ellos, los enganchadores se apostan afuera de la casa, en las calles aledañas. Una mayor preocupación para la Casa del Migrante AMAR son los más de cien niños menores de edad que acompañan a los adultos, la mitad de ellos son pequeños de tres años o menos, ¡incluso un recién nacido! Además de otras varias mujeres embarazadas.

Ver el patio de Casa AMAR y sus tiendas de campaña atiborradas de migrantes desesperados por la espera y las altas temperaturas, recuerda a los campos de refugiados sirios o africanos. Guardando las proporciones, al igual que en aquellas latitudes del mundo, se trata de una crisis humanitaria, como la Iglesia Católica también le ha llamado, con la diferencia de que aquí hay muy pocos organismos apoyando el refugio, como Médicos Sin Fronteras y uno que otro grupo local, como Pro-Inclusión AC, que buscan aligerar la tarea del pastor Arón, llevando actividades para los más pequeños.

Sin embargo, conocer el trabajo de Casa AMAR muestra también un problema, no solo de este albergue, sino de todas las casas o refugios para la atención de migrantes, y éste se refiere a la desprotección y falta de apoyo gubernamental -en sus tres niveles- a organizaciones sociales que han venido a llenar la ausencia de los gobiernos.

El gobierno federal ha dicho que el enfoque humanitario y respeto a los derechos humanos son fundamentales para la nueva política migratoria, de ahí que en el caso de las caravanas migrantes o en casos individuales se ha otorgado documentación para que los migrantes ingresen y recorran territorio nacional con autorización. Definitivamente que el enfoque de seguridad humana es necesario para atender a los migrantes, pero no olvidemos que este enfoque requiere también fortalecer a las organizaciones sociales que los apoyan. Las casas y albergues, además de las instituciones del Estado, son el medio para lograr el propósito de proteger, empoderar o fortalecer las capacidades de las y los migrantes durante su trayecto, frente a las amenazas que encontrarán en el camino.

Las personas son el centro del enfoque de seguridad humana, las casas y albergues son los receptores de un gran número de migrantes, por ello deben estar preparadas con recursos, estrategias, planes de acción, redes de colaboración conjunta entre instancias públicas y organizaciones sociales, que permitan atender situaciones extraordinarias como los patios de refugiados en sus instalaciones.

De otra manera la improvisación se impone.


Blanca Vázquez

Profesora investigadora de El Colegio de la Frontera Norte

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