Política

El mal trago

El buen trago fue que la selección pasara a octavos de final, el mal trago sigue siendo el que todos tenemos que dar cada que el agua sale de la llave.

El agua huele a mierda. Literal. Sale de la llave en la colonia Americana, en El Fresno, en Santa Tere. Trae un olor que las vecinas describen igual, año tras año, protesta tras protesta. Café unos días, naranja otros, negra a veces. Cuarenta y dos muestras se analizaron en 27 colonias de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá. Cuarenta y una no cumplieron con los niveles mínimos de cloro, 97 por ciento.

Mientras tanto, el Mundial llena los estadios. Turistas que llegan de Corea, de Alemania, de Brasil, de Colombia, de Japón, hacen fila para comprar una playera y una torta ahogada, sonríen para las cámaras que transmiten Guadalajara al planeta entero. Como los que gobiernan, la ciudad se peina para las visitas. Se pone el vestido bueno. Adentro de las casas, sin embargo, hay una cubeta junto a la regadera, hay garrafones apilados en la cochera, hay una madre que hierve el agua antes de dársela a su hijo porque no confía en lo que sale del tubo. Cómo confiar si el agua tiene color a diarrea.

Además de la falta de cloro, lo que debería importar es que casi 70 por ciento de quienes reportan afectaciones a la salud por el agua contaminada son mujeres. Dermatitis. Salmonelosis. Cuerpos que se enferman mientras cargan cubetas, hierven ollas, revisan si el garrafón alcanza para bañar a los niños. El agua sucia no le entra igual a todos. Le entra distinto a quien todavía, en 2026, sigue siendo la administradora invisible de una casa.

Hay un canal que se llama Atequiza y ahí empieza buena parte del problema. Ahí llegan las descargas de fraccionamientos que se siguieron autorizando aunque el sistema ya no daba abasto. Ese mismo canal alimenta la potabilizadora de Miravalle, construida en 1956, vieja, remendada, tratando de convertir en agua potable lo que le llega ya podrido.

Cesaron al director del SIAPA en marzo. Llegó otro, prometió limpiar tanques, prometió coordinación con los municipios. La gente sigue reportando agua turbia. En estos días habrá otra protesta convocada frente a Casa Jalisco, una movilización más en el año por este tema. Cada vez son las mismas colonias, las mismas señoras, el mismo reclamo repetido.

Treinta años lleva este deterioro, dicen los activistas, y tienen razón, pero 30 años acumulados no son excusa, son agravante. Nadie construye una crisis de este recurso natural de la noche a la mañana. Se construye fraccionamiento por fraccionamiento, presupuesto recortado tras presupuesto recortado, hasta que un día la ciudad entera huele mal y ya nadie recuerda cuándo empezó a oler así.

Jalisco quiso ser sede del Mundial y lo logró. Lo que no logró, después de 30 años de advertencias, es que a sus habitantes les llegue agua limpia a la casa. Esa es la comparación que debería darnos vergüenza, no la del marcador en la cancha.

¿Qué pasaría si fueran los gobernantes, los empresarios o todos los pudientes de esta ciudad a quienes no les llega el agua limpia?

Me hierve el buche.


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Teresa Vilis
  • Teresa Vilis
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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