Política

El Mundial robado

El padre de Alejandro González Iñárritu no tenía dinero. Aún así llevó a su hijo al partido de la Mano de Dios. México 86, Argentina contra Inglaterra, Maradona. Lo contó hace unos días, recién ingresado a El Colegio Nacional. Añadió que hoy el boleto más barato cuesta 10 o 20 mil pesos, que si quieres llevar a tus hijos es una barbaridad. Tiene razón, pero es peor que eso.

El boleto promedio para ver a la Selección Mexicana en su propio país cuesta 31 mil 949 pesos. El salario promedio en México es de 9 mil 500 pesos al mes. Tres meses y medio de sueldo íntegro para una sola entrada, en un país donde ese sueldo se acaba antes de que termine la quincena entre transporte, comida y renta. Eso hablando del mercado oficial, porque en reventa una entrada al partido inaugural México-Sudáfrica ya apareció en StubHub al millón 78 mil pesos. Nueve años y cuatro meses de salario mínimo, trabajando todos los días sin gastar un centavo, para ver noventa minutos de fútbol en el estadio donde tu selección juega de local.

La FIFA tiene su explicación. Gianni Infantino la ofreció en Beverly Hills, que ya dice todo sobre a quién le está hablando. Dijo que los boletos terminan en reventa a precios todavía más altos, que el problema es el mercado secundario, no ellos. También prometió que el 25 por ciento de las entradas para fase de grupos costarían menos de 300 dólares. Lo que omitió es que ese porcentaje resultó representar entre el 1 y el 2 por ciento del total disponible. Unos pocos cientos por partido. El resto opera con precios dinámicos, un sistema que sube el costo en tiempo real según la demanda y que congresistas estadounidenses describieron en una carta formal a la FIFA como una decisión que da prioridad a la maximización de ingresos por encima de la accesibilidad. La FIFA hasta creó zonas nuevas más caras después de iniciar la venta. Asientos que costaban 2 mil 730 dólares pasaron a 4 mil 105 solo por estar en la séptima fila. Cambiaron las reglas con el partido ya empezado.

México aportó los estadios, la infraestructura, los millones en seguridad pública, la memoria histórica de haber sido sede dos veces antes. La mayoría de los mexicanos van a ver el Mundial desde su casa, si es que tienen televisión de paga, porque eso también se cobra. Iñárritu dijo que la FIFA cobró tres veces un Mundial, que dispersarlo en tres países fue un acto de avaricia, que le quitaron al mundo un gusto popular y se lo robaron. Robaron es la palabra.

Hay 30 millones de personas en México que viven con salarios de pobreza, que no ganan suficiente para comprar dos canastas básicas. Para ellas el futbol siempre fue la fiesta posible, la que no requería crédito ni palco ni paquete de hospitalidad. Eso ya no existe. Lo que queda es el espectáculo para quien puede pagarlo y la transmisión para los demás, como postal de algo que una vez fue de todos y que ahora tiene dueño. ¡Me hierve el buche! 


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Teresa Vilis
  • Teresa Vilis
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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