Política

Un 'stand by'

De niña, el universo me daba miedo. No la oscuridad, sino lo que no termina. Esa palabra, infinito, era una boca abierta donde yo cabía entera y me perdía. Me acostaba a contar estrellas y me dormía antes con tal de no llegar al final, porque sabía que no había final. Eso, a los siete años, me parecía muy aplastante.

En una comida de domingo, mi hermano Chito, que ya casi es gringo, contó que en el gabacho se abrieron archivos secretos. Seres de otros mundos entre nosotros. Hablamos de la película de Spielberg, El día de la revelación, donde la verdad cae sobre siete mil millones de personas a la vez y ninguna sabe si temer o arrodillarse. Qué descubrimiento más raro.

Yo me quedé pensando. Entre realidad y fantasía. Así, como pienso al mediodía, cuando no termino de despertar. 

Pensé esto. Quizá somos la Inteligencia Artificial de alguien. Una criatura lejana nos programó para sentir. Para que uno sea artista y otro santo y otro asesino, para que uno coleccione discos y otro coleccione muertos. Nos metió adentro una fecha escondida. Y caminamos, creyéndonos importantes, hacia ese día que ignoramos. Cada quien con su rutina escrita por una mano que no veremos nunca.

La niña que fui se asoma y pregunta si esto duele. No sé qué responderle. Le acaricio la cabeza y le miento. Ella todavía cree.

Afuera, la ciudad se viste para la fiesta. Banderas, vallas, el rugido de algo que llaman Mundial. Tanta parafernalia para no mirar el cielo. Y a mí me vuelve, como cada tantas, ese viento que no trae nada. La sensación de estar en stand by. Que nada viene. Que nada sigue. Que nada se cumple. Una espera sin sentido, que es de las peores esperas.

Hay días en que las palabras se me caen de las manos. Escribo y nada se queda. Soy una mujer frente a una pantalla que es otro abismo, más familiar, más amigable, pero abismo al fin. Será la edad. Será este momento del mundo. Será que me tocó habitar el intervalo, ese hueco entre dos cosas que no acaban de pasar.

No me hundo. Yo floto en este presente que no avanza, disfrazado de futbol, lleno de ruido para que no se oiga nada en realidad.

Entonces giro. Porque siempre giro, ahí está mi pequeña reacción a la angustia.

Si de verdad es un programa, si de verdad nada significa, entonces nadie me debía esto. Nadie me prometió el café caliente, ni a Canito que duerme en mi cama, ni la voz del hombre con el que llevo más de 20 años, ni la primera vez que una canción me hizo un nudo en la garganta, ni un taco de frijoles con queso.

Vine sin que me lo pidieran. Y aun sin sentido, hubo cosas. Hubo. Verbo gastado de tanto repetirlo. Hay cosas. Habrá. Quizá.

A lo mejor el extraterrestre que nos sueña no espera nada de nosotros. A lo mejor sólo quería ver qué hacíamos con el miedo. Yo hago esto. Lo nombro. Lo escribo. Lo dejo aquí para no estar tan sola en la inmensidad.

La niña asiente. El universo sigue sin gustarme. Me hierve el buche. 


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Teresa Vilis
  • Teresa Vilis
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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