Política

El humanismo que esperamos de Claudia

Luis M. Morales
Luis M. Morales

M+.- A la hora de elegir colaboradores nadie está en condiciones de conocer la calidad de las personas en lo que toca a sus relaciones íntimas. En teoría, la integridad que transmite un académico y su aparente probidad son señales, pero en el fondo no garantizan nada. A Claudia Sheinbaum se le podría reprochar haber elegido para dirigir a Pemex a un funcionario con capacidades técnicas y/o políticas discutibles, pero no podemos cargarle culpas por las deplorables escenas que todos contemplamos en un infame video.

Lo que sí se puede cuestionar es la respuesta que ha ofrecido al respecto. Más allá de un error de cálculo o el desliz que cualquiera puede tener en un mal día, me parece que su reacción ilustra un problema de fondo.

Parte del desencanto y la creciente desconfianza que existe en todo el mundo respecto a la clase política reside en el lenguaje neutro y burocrático con el que se comunica. Cargado de lugares comunes, deslavado de

sentimientos y pasiones reales aunque se pronuncien los adjetivos de rigor, fórmulas de ocasión diseñadas para no incomodar a nadie, para hacer control de daños, para rehuir supuestas o reales responsabilidades: “se investigará hasta las últimas consecuencias”, “se abrirán mesas de diálogo”, “no nos temblará la mano, caiga quien caiga, se integrará una comisión”, “investigaremos si se presenta una denuncia”, o la más socorrida “son exageraciones de la prensa amarillista”.

Quienes conocen a Claudia Sheinbaum han podido constatar el sentido común y la naturalidad en lo que dice y hace, muy lejana a la máscara profesional en la que se apoltronan funcionarios y políticos tradicionales. La alta popularidad de la que goza, que llegó a rozar proporciones de 80 por ciento, se nutre de varias fuentes: el partido que representa y el entusiasmo de los mexicanos por una mujer presidenta, desde luego; pero también por su perfil personal: una científica sensible, con los pies en la tierra, un miembro de la clase media con sentido de la realidad y muy ajena a la impostación de las élites políticas.

Por lo mismo, resulta desconcertante la frecuencia con la que hace a un lado esa naturaleza espontánea y sensible y opta por asumir una supuesta institucionalidad o asepsia verbal, que termina siendo confundida con indiferencia. Frente a las tragedias que viven las madres buscadoras o la violencia que padecen miles de ciudadanos y ciudadanas, es inquietante que las mayores expresiones de indignación que le escuchamos sean una reacción a las críticas de sus adversarios o argumentos en defensa de miembros de Morena.

El deplorable video que todos hemos visto de Víctor Rodríguez maltratando a su esposa habría merecido una reacción distinta de la Claudia Sheinbaum que existe más allá de la funcionaria. Su primera declaración, “si la señora presenta denuncia será investigada” sonaba casi a un reclamo. Días más tarde, tras la repulsa generalizada en la opinión pública, subió el tono y pidió aplicar todo el peso de la ley contra el agresor.

Cuánto mejor habría sido una expresión de auténtica tristeza y desencanto por el comportamiento exhibido de una persona en la que ella había confiado. Un sentimiento seguramente más cercano al que experimentó Sheinbaum desde el primer momento en que vio ese video. En lugar de ello optó por una opinión más centrada en el control de daños que en la indignación o la solidaridad que provoca ver a una mujer ser tratada de esa manera. Si con Claudia llegaron todas, como suele ella decir, lo que un miembro del poder le está haciendo a María Felicia Jiménez tendría que ser inadmisible para la Presidenta, con denuncia o sin ella.

Puede entenderse que parte de sus reacciones están condicionadas por el temor, que es real, de que el hecho de ser la primera mujer presidenta la expone a la mirada misógina que interpreta como una debilidad toda expresión emocional o sensible. Pero a estas alturas el liderazgo y la firmeza de su conducción han dejado atrás ese riesgo, o al menos lo ha reducido.

Cuando alguien carece de agua, luz o un empleo o pierde a un hijo, no busca solamente un diagnóstico, una mesa de negociación o la creación de un expediente; necesita reconocer en su Presidenta a un ser humano capaz de experimentar una indignación proporcional al daño y expresar una promesa que no suene a trámite.

Me parece que ella tendría que confiar más en su propia naturaleza, en la persona que ha sido los 60 años anteriores a su arribo a Palacio. Una vida que se parece mucho más a la de todos nosotros y menos a la de los gobernantes que han escalado a partir del cálculo político destinado a cuidar sus carreras y la imagen de su grupo político. Esa Claudia auténtica puede percibirse una y otra vez cuando entra en contacto con hombres y mujeres de la plaza pública. Es allí donde admite límites sin acudir a tecnicismos, nombra el dolor sin convertirlo en discurso, ofrece esperanza sin reducirla a propaganda.

Ninguno de esos rasgos es incompatible con la imagen de un verdadero jefe de Estado revestido de humanidad. Claudia Sheinbaum podría serlo, si se lo permite.


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Jorge Zepeda Patterson
  • Jorge Zepeda Patterson
  • Escritor y Periodista, Columnista en Milenio Diario todos los martes y jueves con "Pensándolo bien" / Autor de Amos de Mexico, Los Corruptores, Milena, Muerte Contrarreloj
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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