Política

¿Autocuidado?

Cuídate. Así de fácil. Así de irresponsable.

En alguna de las historias publicadas por una de mis mejores amigas vi un mensaje que hablaba sobre el lado clasista del autocuidado. Nada más cierto e interesante para ponerme a reflexionar.

Cuídate lo dice la marca de yogurt, lo dice la influencer desde su departamento iluminado, lo dice el cartel del consultorio privado y lo dice, con una desfachatez que ya raya en lo cómico, el área de recursos humanos de cualquier empresa que no aumenta el sueldo a sus empleados desde hace una década.

Cuídate. Cuando cuidarse es una decisión y no una condición. Como si bastara con querer.

Para cuidarte necesitas tiempo. El tiempo no se consigue con actitud positiva. Se consigue cuando no tienes que trabajar en dos lugares para poder pagar una renta, cuando no eres la única que se levanta a atender al niño enfermo, cuando tu jornada termina a la hora que dice el contrato y no cuando tu jefe decide que ya. Millones de personas en este país no tienen ese tiempo. No porque sean desorganizadas ni por falta de amor propio. Es porque el tiempo libre es un lujo que se paga y ellas no pueden pagarlo.

Para cuidarte necesitas dinero. Comer bien cuesta. El aguacate, las proteínas, las verduras frescas, todo eso que dicen que debes comer para estar sana, tiene un precio que sube significativamente cada mes. El gimnasio tiene mensualidad. Al médico particular hay que pagarle, y bien. La salud, en México, tiene precio de entrada y si no puedes pagarlo te vas al IMSS, que es donde empieza otra historia.

El IMSS, que debería ser el derecho más básico de quien trabaja, se convirtió en un castigo. Hay que llegar de madrugada. Hacer una fila que no garantiza atención. Esperar que haya médico, que haya turno, que haya medicamento. Si necesitas un especialista, espera meses. Si no puedes faltar al trabajo para hacer esa fila, simplemente no te atiendes y el dolor se vuelve crónico y la enfermedad avanza y entonces, según la lógica del autocuidado, es tu culpa por no haberte cuidado a tiempo.

Es como un truco. El sistema falla y la responsabilidad se deposita en el cuerpo que lo padece.

Las redes lo repiten sin parar y se lo cargan especialmente a las mujeres. Que si estás agotada es porque no te priorizas, que si estás enferma es porque no escuchas a tu cuerpo, que si no puedes con todo es porque no has trabajado en tu niña interior. Que cómo quieres sentirte bien si no estás tomando magnesio. La culpa siempre termina en ti. Nunca en los salarios. Nunca en las jornadas. Nunca en que sigues siendo tú la que carga con los hijos, los enfermos, la casa y el trabajo, todo al mismo tiempo, todos los días, sin que nadie parezca enterarse de que es demasiado para una sola persona.

No hace falta tener hijos para estar destruida. Basta con vivir en una ciudad cara, con un trabajo precario, con un cuerpo que acumula lo que no puede soltar porque no hay tiempo ni lugar para soltarlo.

Este autocuidado no es una mentira. Es un privilegio que se vendió en las redes sociales como obligación moral. Y eso, eso sí es un fraude. Me hierve el buche.


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Teresa Vilis
  • Teresa Vilis
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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