Me acaba de contar Andrew Stanton, director y escritor de Toy Story, cómo fue la emoción que sintieron después de que Taylor Swift vio una copia temprana de la entrega número cinco y, enseguida, pidió hacer una canción para Jessie, la vaquerita. Sólo había una condición: que trabajaran con ella para mantener el secreto y jugar con las pistas durante meses antes de hacer el anuncio oficial.
Puede sonar a mera mercadotecnia, pero en realidad es poder. Además, es poder que viene del mejor lugar posible: de la creatividad de una mujer que se enamoró de estas cintas a los —por supuesto— cinco años. Aquí nada viene sin números ni casualidades, pero es verdad: la Taylor de cinco años hizo realidad su sueño infantil de dedicarle una canción a Jessie.
La niña que empezó desde pequeña cantando country le rindió un gran tributo a la vaquerita de su infancia y esa niña nos llevó a su mente, corazón y juegos con ella, haciéndonos adivinar durante semanas exactamente en qué momento revelaría qué quería decir el conteo con nubes blancas y fondo azul que apareció sólo por instantes en sus redes.
Creo que una de las cosas más interesantes —además del hecho de que Andrew confesó cómo tuvo que lidiar con el secreto ante preguntas expresas, sin tener que mentir— fue la manera en que dejó claro que la canción no estaba en el mix actual porque en realidad estaban trabajando con otro. ¡Todo para no tener que mentir!
Me parece revelador lo que subió el ex CEO de Disney, Bob Iger. Hasta él esperó la señal de Swift para compartir una foto con ella y agradecerle que hubiera tomado la decisión de ser parte de este legado justo antes de cerrar su etapa como directivo y dejarle el puesto ejecutivo principal a Josh D’Amaro. Taylor marca agenda, señores. Le guste a quien le guste. En lo particular, a mí me encanta.