Cultura

El perrote de Juan

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El escritor y su mejor amigo. ARACELI LÓPEZ
El escritory su mejor amigo. ARACELI LÓPEZ

Los perros no son sólo parte de la familia, sino seguramente sus miembros más confiables. Poco los merecemos, a menudo, pero ellos se comportan como si todo nos lo debieran y no existiese vida más allá de nosotros. Esto último es verdad, por fortuna o desgracia, según la condición y el corazón de los amos que les tocan en suerte. Un perro no es juguete, ni regalo, ni carne de prisión, sino el más generoso de los compañeros: aquel que nos comprende mucho mejor que la gran mayoría de nuestros congéneres. O que el total de ellos, si he de dar mi opinión.

​Fue a principios del 2017 cuando nuestro Gerónimo y Cassandra trajeron siete cachorros al mundo. Recuerdo aquellos días de criar perritos entre los más hermosos de mi vida, así como la angustia progresiva de encontrarles familia a los que no podríamos conservar. Cosa muy complicada tratándose de gigantes de los Pirineos, de cuya enormidad no cualquiera osa hacerse responsable. A todos les colgamos un apodo, mientras llegaba la hora de bautizarlos o entregarlos a su nueva familia. Uno de ellos tenía un manchón alargado en el cuello, a modo de bufanda entre la pelambre resplandecientemente blanca, y otro tenía uno de cada lado. A uno, pues, lo apodamos Bufandín y al otro Bufandón.

​Estaban los perritos por cumplir sus primeras seis semanas de vida, cuando en una comida de cumpleaños, me senté a platicar con Juan Villoro. ¿Y de qué le iba a hablar, si no de nuestros vástagos cuadrúpedos? No sin algún asombro esperanzado, advertí que en los ojos de Juan ardía ya la llama de una curiosidad profunda y minuciosa. “¿Debo entender que estás interesado en quedarte con uno de nuestros cachorritos?”, me interrumpí de golpe, y él respondió asintiendo varias veces, con sendos parpadeos diligentes. Cuando menos pensó, tenía ya en su WhatsApp varias fotos de nuestra familia melenuda.

​“¡Ya se viralizaron!”, exclamó Juan al final de la comida, tras comprobar que las fotografías habían hecho chuza entre los suyos. Poco tiempo después, él y su hija Inés se presentaron en nuestro domicilio, resueltos a llevarse a su nuevo pariente. Cuesta explicar el gusto que te da la entrega del chuchito en brazos de sus padres adoptivos, así como el vacío emocional que experimentas cuando se lo han llevado. El consuelo, al final, fue recordar los rostros exultantes de Inés y Juan, a quienes Bufandón se encargaría sin duda de cambiarles la vida.

Lars, le llamaron luego. Y en cuanto a Bufandín, nos quedamos con él y le pusimos por nombre Ludovico. De entonces para acá, los Villoro y nosotros compartimos una rara complicidad, ajena a la distancia y bastante más honda de lo previsto. “¡Mira, es Lars!”, solía saltar Adriana cada vez que el perrote aparecía en Instagram, y un instante más tarde ya tenía la captura de pantalla. Hace un año, por fin, lo volvimos a ver, gracias a un reportaje sobre autores y perros que se publicaría en la revista Lee+, de Librerías Gandhi. Lars, no obstante, llegó con Teo, su xoloitzcuintle hermano, y apenas reparó en su antigua jauría, pero igual la ocasión resultó un gran festín para nosotros.

​Unos meses más tarde se nos fue Ludovico, y hace unos pocos días que lo siguió Lars. Bufandín, Bufandón. Me había escrito varias veces con Juan, desde que su muchacho cayó enfermo, pero no fue, sino hasta hace pocas horas que leí, en su columna semanal, un espléndido artículo sobre nuestros greñudos tan queridos, y así me vi en su espejo de gratitud, tristeza, dulzura y añoranza. “Pariente”, nos llamamos, o asimismo “compadre”, porque eso al cabo pesa mucho más que sólo ser amigos y colegas.

​Aprecia uno de manera especial a quien le muestra aprecio a sus cariños. Más aún si se trata de nuestros familiares cercanísimos: aquellos que darían la vida por nosotros. Salud, Lars. Salud, Inés. Salud, Juan. Puesto en otras palabras, arf, arf, arf.


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Xavier Velasco
  • Xavier Velasco
  • Narrador, cronista, ensayista y guionista. Realizó estudios de Literatura y de Ciencias Políticas, en la Universidad Iberoamericana. Premio Alfaguara de Novela 2003 por Diablo guardián. / Escribe todos los sábados su columna Pronóstico del Clímax.
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