La inteligencia artificial puede clonar una voz en pocos segundos, generar la imagen de un actor fallecido, reproducir el estilo de un músico o doblar una película completa sin contratar a nadie. El impacto de esta tecnología es real y creciente. El índice económico de Anthropic publicado en marzo pasado revela que la cobertura teórica de la IA alcanza el 83.7% de las tareas en artes y medios, y que el empleo de jóvenes trabajadores en ocupaciones expuestas ha caído alrededor de 14% desde 2024. Los actores de doblaje mexicanos, que son un referente mundial, tienen motivos fundados para preocuparse.
La respuesta de la presidenta Sheinbaum fue una iniciativa de reformas a la Ley Federal del Trabajo y a la Ley Federal del Derecho de Autor. El propósito es legítimo: proteger la voz, la imagen y las interpretaciones de artistas e intérpretes frente al uso no autorizado en sistemas de inteligencia artificial.
El problema es la muy deficiente técnica legislativa de la iniciativa, que desborda el propósito declarado y genera consecuencias que sus redactores no consideraron. Así, por ejemplo, se extiende la protección de la imagen y la voz a su “uso” en cualquier formato o sistema de IA, o la “publicación del resultado generado”. Leído junto en el conjunto, la reforma puede interpretarse en el sentido de que las plataformas digitales serían responsables por el contenido generado con voces sintéticas que alojen. Eso choca directamente con el artículo 19.17 del T-MEC.
Hay otros problemas igualmente graves. Por ejemplo, se prohíbe la transformación o imitación de interpretaciones mediante IA sin autorización individual. La redacción no distingue entre el acto de entrenamiento, el de generación y el de publicación del resultado. En la práctica, introduce una restricción al desarrollo de sistemas de IA que ningún país ha adoptado.
También se dispone que los programas de computación (incluyendo las plataformas de inteligencia artificial) que violen los derechos tutelados por la ley perderán la protección en materia de derecho autoral. Si alguien usa una plataforma de IA como Claude y viola los derechos de un tercero, ¿significa que Anthropic perderá la protección sobre su IA? Parecería que sí.
Las reacciones de toda la industria no se hicieron esperar, desde la Motion Picture Association hasta Netflix, Amazon y Google, entre otras, hicieron ver los problemas. Sus implicaciones podrían acabar incluso con el propósito del propio gobierno de incentivar la industria cinematográfica. Aparentemente hubo disposición de autoridades y legisladores; quizá hoy se vote un dictamen donde los problemas más graves han sido acotados.
Hay una pregunta de fondo más compleja: ¿es a través de leyes que se puede proteger a los trabajadores que serán afectados por la IA? La evidencia sugiere que ese no es el camino. Al tiempo.