El problema no es robar, sino que te descubran, dicen por ahí, y al parecer lo mismo ocurre con la trata sexual. Y eso es lo que está pasando con Ghislaine Maxwell, quien purga una condena de 20 años en prisión por el caso Jeffrey Epstein.
Maxwell, exnovia, confidente y cómplice del fallecido delincuente, es la única condenada en uno de los mayores escándalos de tráfico sexual de las últimos décadas.
En 2022, Maxwell fue acusada de ser la principal responsable de captar a menores de edad para que luego fueran abusadas sexualmente por Epstein y su red de amigos y socios, entre los que figuraban incluso el recién arrestado príncipe Andrés de Inglaterra.
Maxwell y Epstein se conocieron en la década de 1990 y aunque la relación sentimental fue de pocos años, los nexos laborales y de complicidad se extendieron por más tiempo. Ella poseía el contacto con las más altas esferas de poder de la élite mundial, lo que le facilitó a Epstein el acceso a este círculo.
Tras la primera condena de Epstein en 2008 por explotación sexual, su cercanía con él fue disminuyendo y manteniendo un perfil más bajo hasta su detención final en julio de 2020, meses después de la muerte de él, para ser finalmente condenada a 20 años de prisión en 2022 por reclutar menores de edad entre las décadas de los 90 y principios del 2000.
Y aunque se desclasifican archivos y las acusaciones van y vienen, la única persona cumpliendo una condena es Ghislaine, lo cual resulta sumamente ilustrativo del panorama general de la trata.
Maxwell se convirtió en el elemento más visible de la red de trata en la cual la cabeza era Epstein. Y si bien ella no es inocente, pues ha sido encontrada culpable por su papel activo en la red, sólo perpetúa el rol de las mujeres en estas estructuras de poder acendradamente patriarcales. Pues reafirma cómo en estas dinámicas de explotación sexual por lo general las mujeres cumplen una función de intermediarias entre los clientes, mayormente hombres y las víctimas.
Y en este sentido ella encarna una dualidad que vende: la de una mujer que ejerció violencia hacia otras mujeres, lo cual legitima el discurso de aquellos que invalidan las agendas feministas, pero que dejan de lado cómo el poder era ejercido por hombres que hoy en día siguen en impunidad.
Pero nos resulta más sencillo como sociedad pensarla en lo individual: como depredadora y no como parte de una estructura de explotación que operó en la impunidad.
Mientras los archivos se siguen desclasificacndo y el morbo no se convierte en indignación, estas imágenes y listas de invitados no pasarán de ser distractor con tan sólo una facilitadora en prisión. El sistema para las nuevas redes sigue intacto, esperando por el nuevo Epstein.