Política

Jóvenes y su participación electoral

La apuesta para el proceso electoral 2023-2024 en curso son las juventudes, es decir, las personas en edad para votar entre los 18 a los 30 años, e incluso hasta los 35 años de edad. ¿Pero son realmente ellas y ellos quienes definirán las elecciones, tanto federales como locales?

Los números atraen la atención en esos grupos etarios. Tomemos como referencia el Padrón Electoral de Jalisco, con el corte del Registro Federal Electoral (RFE) del Instituto Nacional Electoral (INE) al 4 de enero, las personas de 18 años a 345 años de edad representan el 39.8 por ciento del total del Padrón Electoral de Jalisco (dos millones 633,106 personas, de un total de seis millones 620,899 personas. Una cifra nada despreciable, donde cuatro de cada diez son jóvenes en ese rango de edad.

Ahora, si lo vemos por grupos etarios, tenemos que, entre los 18 y 20 años de edad, es decir, el grupo de los primo-votantes, el porcentaje del Padrón Electoral es de 6.5 por ciento del total. Tampoco nada despreciable, considerando que, en el gran grupo de juventudes de 18 a 35 años, son quienes más participan, y en una elección cerrada, si participan pueden marcar la diferencia.

En contra partida, si tomamos en cuenta la participación electoral por grupos etarios, el asunto se complica y emerge el principal reto electoral, tanto para partidos políticos como para instituciones electorales.

Con base en los Conteos Censales de Participación Ciudadana 2009-2021 elaborados por el INE, a partir de procesos electorales federales (guardan una diferencia marginal con elecciones locales en Jalisco, pues son concurrentes), el grupo etario que menos participa en procesos electorales es el de 20 a 29 años de edad. En ese grupo etario la participación electoral cae hasta 35 por ciento (elecciones intermedias de 2021); en tanto, en elecciones generales, es decir, cuando se eligió gubernatura (2018 frente a 2012), la caída en la participación electoral en dicho grupo fue de 6.46 por ciento. Este año, tendremos elecciones generales en Jalisco, como a nivel federal.

Si se observa la participación electoral desde 2009 (intermedia) a su similar en 2021, la caída en la participación electoral es constante y consistente en todos los grupos etarios: en los primo-votantes, la participación cayó 5.8 por ciento; en el grupo de 20 a 24 años de edad, fue de menos 6.39 por ciento; en el siguiente grupo, de 25 a 29 años, de 6.44 por ciento menos; en los de 30 a 34 años, la caída fue de 5.43 por ciento; en la 35 a 39 años, bajó 5.53 por ciento; y en los de 40 a 44, 5.59 por ciento. Y así continúa, en los restantes grupos etarios. La desafección ciudadana en los procesos electorales es más que evidente. Lejos, muy lejos, de los niveles de participación que se registraron en los inicios de la incipiente transición democrática del último cuarto del siglo XX, cuando se registraron niveles de participación del 75 por ciento (1994 y 1995 en Jalisco), en condiciones sociales límite.

En resumidas cuentas, la participación electoral desciende, jornada tras jornada electoral, en todos los grupos etarios; pero históricamente la participación de las juventudes, después de la primera participación, se va en picada, para luego recuperarse en los mayores a 35 años.

¿Obedece a las características propias de esos grupos etarios que están en el momento de su vida incorporándose a la vida laboral decepcionante, frustrante?; ¿es una manifestación de no vinculación o no significativo de lo electoral cuando su principal interés existencial está al comenzar una vida independiente del núcleo familiar, laboral, económica? ¿Será que es la etapa de vida en que la independencia es más apremiante en todos los aspectos de la vida y por ello no se ve asociada a una elección política con la vida personal, social, de salud, de seguridad, laboral?

¿Por qué después de los 35 años aumenta su interés en un proceso electoral? ¿Será que ya con cierta estabilidad o experiencia laboral, salaria, económica, familiar, personal, perciben que aquellos que se eligen en un proceso comicial sí inciden en las condiciones laborales, salariales, de salud, de seguridad?

En 24 años de contacto continuo con jóvenes primo-votantes he visto cambios sustanciales en distintos aspectos. Claro, jóvenes que en sí no serían del todo representativos de las juventudes, pues son de ese selecto y privilegiado grupo cercano al 20 por ciento que tienen acceso a educación superior, e incluso pagan por ella. El restante 80 por ciento de jóvenes son aquellos que han terminaron la preparatoria, y en su mayoría se han incorporado el mundo laboral de una forma u otra, se encuentran en condiciones incluso adversas, desventajosas, e incluso frustrantes ante las condiciones laborales y bajo salariales.

La disposición y acceso a información, nuevas formas de comunicación e interacción social que los posibilita a una gran diversidad de campos de desarrollo, híper sensibilidad en temas como el medio ambiente, la vida animal, los derechos de identidad, individualismo creciente y sobre todo híper consumo; juventudes que conocen mucho de muchos temas, pues acceden a más información que antes; juventudes más intensas y emocionales, pero efímeras en causas y convicciones; juventudes autorreferenciales y con capacidades creativas y de expresión sin límites aparentes.

¿A qué juventudes hay que cautivar y despertar el interés para una mayor participación electoral? ¿Con qué recursos vincularse a ellos sin “aprovecharse” de sus condiciones de vulnerabilidad para llevarlos a una decisión que requiere, por su naturaleza un razonamiento con base en información verificable, pues con su participación y decisiónmarcarán futuro?

La principal carga y responsabilidad de la creciente o decreciente participación electoral, sin perder de vista que es multifactorial, está, con base en nuestro sistema político-electoral, en los partidos políticos. Son ellos, con sus personas candidatas, quienes atraen o no, cautivan o no, convencen o no, a la participación electoral. Una baja participación electoral es una muestra del éxito o fracaso de los partidos políticos y sus contendientes; una baja participación general, y más si es baja en votación directa recibida, es la muestra objetiva de su baja legitimidad política. Para favorecer, incentivar, promover la participación político-electoral, los partidos reciben y disponen de prerrogativas, como tiempo aire en radio y televisión para darse a conocer, ofrecer propuestas, propiciar el diálogo y debate sobre lo público; y financiamiento público, anual para actividades específicas y campañas electorales en cada proceso, entre otros.

Las autoridades electorales, por su parte, tienen la carga de garantizar condiciones para que los partidos y asociaciones políticas atiendan y cumplan con sus funciones, abonando a la promoción de la participación ciudadana en la vida política en y fuera de procesos electorales.

Revertir la tendencia de baja participación electoral en la jornada del próximo 2 de junio es el reto, y si la participación lleva a las juventudes a una participación que corresponda al peso numérico y porcentual que tienen en el Padrón Electoral, será un doble éxito democrático. Estamos a tiempo, la contienda formal y más intensa, arrancará el próximo 1 de marzo. Por lo pronto, sólo hemos visto “box de sombra”.


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Rubén Alonso
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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