El populismo religioso está en expansión y su referencia global se constata en la administración de Donald Trump. El movimiento “Haz América Grande de Nuevo” (MAGA, por sus siglas en inglés) resume como acción aglutinadora que subordina y utiliza las fibras y resortes religiosos para justificar en torno a una persona “mesiánica”.
No es nuevo este fenómeno. Se tuvo a Bolsonaro en Brasil; Nicaragua está con la dupla Daniel Ortega-Rosario Murillo; Bukele en El Salvador, e incluso con López Obrador se desarrolló en México durante su administración.
Características de un populismo religioso: visión maniquea con narrativas dicotómicas de buenos y malos; manifestación del líder que posee la verdad e incluso voluntad divina; el pueblo es sólo pueblo, no ciudadanía; instrumentaliza símbolos religiosos; recurre a textos bíblicos descontextualizados, manipulados; la religión y sus expresiones son herramientas de movilización.
El Papa León XVI, Robert Francis Prevost Martínez, sin mencionarlo, pero con dirección al centro MAGA, comenzó la Semana Santa (Domingo de Ramos) exponiendo las características del Rey de la Paz para luego resaltar: “[Este es] Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: ‘Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!’ (Is. 1,15).
“¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos!”, exclamó León XIV en referencia a los conflictos en el Medio Oriente (ver: https://bit.ly/LeónXIV-domingoderamos).
Llama la atención que León XIV haya recurrido al profeta Isaías, el más citado y referenciado en el Nuevo Testamento; el primero de los “grandes profetas”, vinculado a la corte de Judá (siglo VIII a. C.).
Si se lee en su contexto el versículo invocado de Isaías, la dimensión del señalamiento (primer oráculo del profeta) está en relación con la instrumentalización de lo religioso para fines políticos y bélicos.
“¡Ay, nación pecadora, pueblo cargado de iniquidad, raza de malhechores, hijos pervertidos!”, es el comienzo del oráculo (pues se muestra como palabra de Dios, no del profeta), con características de invectiva. En ello habría que situar al destinatario de lo citado y clarificado por el Papa ante quien invoca a Dios para justificar sus obras.
“Escuchen la palabra del Señor, jefes de Sodoma! ¡Presten atención a la instrucción de nuestro Dios pueblo de Gomorra! ¿Qué me importa la multitud de sus sacrificios?”, continúa Isaías antes de puntualizar lo que más impactó al movimiento MAGA, líderes religiosos cristianos evangélicos y a Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos, quien ha pedido al pueblo estadounidense que rece “cada día, de rodillas” por una victoria militar en Medio Oriente “en el nombre de Jesucristo”: Dios “no escucha la oración de quienes hacen la guerra”.
¡Sursum corda!