Política

¿Quién sembró el coronavirus?

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Muchas de las personas con las que me encuentro todavía (antes de pasar a la etapa de aislamiento total que nos espera a los fiesteros y despreocupados mexicanos) se creen que lo del Covid-19 es una perversa maquinación: de los chinos, para empezar, que intentarían así instaurar su predominio mundial; o de los estadounidenses, que hubieren enviado a agentes de sus organismos de Inteligencia para sembrar el virus, justamente, en la nación asiática e impedir así que se convierta en la primera súper potencia del globo; y, desde luego, de unas empresas farmacéuticas que ganarán fabulosas sumas de dinero porque, teniendo entre sus manos el remedio, lo administrarán a sus anchas y a su exclusiva conveniencia. Hay otras teorías que no me interesó siquiera retenerlas en la mente ni mucho menos desentrañarlas de tan extravagantes y absurdas que son.

Y, miren ustedes, no hay casi manera de razonar con quienes cultivan estas engañifas. Pero, caramba, en lo que toca a la industria de los medicamentos y los laboratorios farmacéuticos, ¿es mínimamente creíble que sean capaces de desbancar a todos los demás y que los responsables de los otros sectores de la economía se queden sin chistar, en la inacción, cruzados de brazos y sin siquiera dar voces de alarma ante tamaña conspiración? Digo, uno pensaría que las aerolíneas y los hoteles y las navieras y los restauranteros y los fabricantes de coches y los manufactureros y los inversores de Wall Street tienen, todos ellos, sus intereses, ¿no? Pues, resulta que no: son tan poderosísimos los farmacéuticos que son capaces de derrumbar la economía del planeta entero y provocar miles de muertes para luego vender vacunas y carísimos medicamentos. Los Gobiernos, por su parte, tampoco moverían un dedo para impedir que un pequeño grupo de aviesos conjurados logre sus fines. ¿Complicidad? ¿Pasividad? ¿Impotencia?

Los chinos, por su parte, ¿estarían dispuestos a sacrificar en un primer momento a miles de sus propios ciudadanos y a detener su extraordinario crecimiento económico para luego trasmitir el contagio al resto del mundo? ¿Dónde está la ganancia? Yo pensaba que éramos nosotros, los descendientes de los aztecas, quienes preferíamos dispararnos a los pies y escupir hacia arriba. Pues no, señoras y señores, los chinos (tan exitosos que parecían, oigan, y tan decididos a convertirse en los grandes protagonistas del s. XXI) son los del impulso autodestructivo: no han encontrado mejor cosa ni tenido mejor idea que cocinar secretamente un virus en sus modernísimos laboratorios para soltarlo de inmediato en una ciudad suya, Wuhan, y poner en cuarentena a millones de sus compatriotas.

Quedarían finalmente los yanquis, en el catálogo de los conspiradores. Ellos fueron quienes llevaron el virus a China. Se les pasó un poco la mano, creo, porque provocaron de paso la más grande caída de valores bursátiles de los últimos tiempos. De hecho, se han esfumado las ganancias en las bolsas que pudieren atribuírsele a las políticas de Donald Trump. Y de las colosales pérdidas en su economía real ni hablemos.

Ah, pero qué atractivas son las patrañas… 



revueltas@mac.com

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Román Revueltas Retes
  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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