M+.- Los mexicanos disfrutamos de colosal manera el futbol que tan generosa y entregadamente nos está regalando la Selección. Son días de luminosa alegría aunque la tragedia esté también presente —tres personas asfixiadas— al desbordarse las multitudes y entremezclarse los salvajes de siempre con una mayoría que tan sólo busca festejar urbanamente los formidables triunfos del Tri.
Muy bien, mientras los ánimos de la nación andan por las nubes, algunos protagonistas de la escena pública —miembros distinguidos, o no tanto, de la casta gobernante, escoltados por ciertos beneficiarios directos de su cercanía con el poder— vislumbran en su horizonte nubarrones bien distintos, nada resplandecientes sino de ominosa grisura.
Estamos hablando, como han ustedes ya podido deducir sin demasiados empeños, de los Diez de Sinaloa pero, con el giro que han dado últimamente las cosas a punta de revelaciones periodísticas y, desde luego, de las inauditas, ésa es la palabra, declaraciones de varios miembros del estamento gubernamental estadounidense, comenzando por el mismísimo primer mandatario, parece ser que a la antedicha banda de los diez se han ido sumando otros conspicuos miembros de la cofradía morenista que, escuchando pasos en la azotea, han no sólo puesto sus barbas a remojar sino que han pasado decididamente a la acción (se han trasmutado, muy oportunamente, en soplones), anticipando que se emprenderán muy espantables medidas en su contra, justamente, cuando baje el telón de la suprema fiesta futbolística y que los fiscales, comisarios, agentes y jueces del aparato judicial de nuestro vecino país decidan, ya sin que se interpongan los intereses de doña FIFA en el camino, proceder para señalar, con nombre y apellido, a más y más valedores políticos de los narcos estadounimexicanos.
El estigma del maridaje con el crimen organizado no se lo quita el partido oficial ni con rezos ni con propagandas ni cambiando de colores (o sea, así de dispuestos como estuvieron a transformar la geografía y repintar el paisaje nacional, disfrazarse ahora de verde pistache o de rojo carmesí no les servirá de nada).
Y, pues sí, ahí viene, a todo tren, la trituradora de Trump, Rubio y los suyos. Nosotros estamos festejando en grande el Mundial. Ellos, los futuros indiciados, se truenan los dedos...