M+ Hay algo inherente a la competencia que siempre grita trampa. Gritar trampa, denunciarla, inventarla, litigarla en tribunales, es inherente a la pasión y el interés competitivo, a la competencia misma.
Sin gritar que el otro hace trampa, que el árbitro se equivocó, que se vendió, que se dejó instruir o favoreció a un equipo, desaparecería buena parte de la pasión futbolera, de la discusión, del debate, de la naturaleza social del juego.
Como queda claro en este Mundial, ni la técnica ni la ciencia pueden dar una respuesta a la imprecisión o, si se quiere, a la injusticia inherente del juego. Tampoco suspenden la continua acusación, por parte de los perdedores, de que les hicieron trampa, les ganaron a la mala, etc.
El científico VAR y su certificación “objetiva” de lo que pasa en jugadas claves, ha dado lugar a la mayor cantidad de quejas sobre el arbitraje que yo recuerde.
Es obvio que hay decisiones injustas y catastróficas para distintos equipos en este Mundial, decisiones que, si pudieran apelarse ante un tribunal independiente, serían revocadas por unanimidad.
Pero de eso no se trata el juego. Esa justicia no es alcanzable, de hecho acabaría con el juego mismo, pues habría muchos triunfos ganados fuera de la cancha, en los tribunales.
Yo soy un aficionado pambolero y una de mis pasiones es revisar las quejas de trampa y decir, según yo, quién tiene razón y quién no, a quién le robaron y a quién no. Es parte sustantiva del juego para mí: chismosear las quejas de trampa, las fallas de arbitraje, los atracos a un equipo por buena o mala fe del árbitro, ahora del árbitro checando el VAR.
Puesto todo junto, este Mundial nos ha dejado frente a una gran justicia objetiva: las mejores semifinales que podíamos tener, entre las mejores selecciones nacionales del mundo.
Inglaterra vs. Argentina tiene un aire de rivalidad y venganza cuasi homérico. España y Francia son escuadras que representan el summum de la calidad de futbol vigente en el planeta, el que se juega en Europa.
No sé qué mejor selección darwiniana habría podido hacerse, para que llegaran al final los mejores. Pero eso sucedió.