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Las manchas de este Mundial

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Recurrí, para conjurar los tormentos de imaginar que en este Mundial hay una muy tenebrosa conjura pro Argentina, a los buenos oficios de Gil Gamés, a quien considero un sujeto sensato y equilibrado, más allá de que tengamos irreconciliables diferencias en lo que toca a los sabores del vodka, apreciando yo el Ketel One neerlandés, suave y menos perfumado que el Grey Goose francés que tanto cacarea él en sus artículos.

Y, pues sí, su postura del hombre fue muy mesurada –nada de imaginar tremebundas conspiraciones de doña FIFA aunque, eso sí, reconociendo que don Infantino no es el individuo más ejemplar, moralmente, de este planeta— y sentenció que la Argentina tiene, antes que nada, “un equipazo” y que la falta egipcia, un simple pisotón, previa a la anulación del gol que le anotaron los africanos a los rioplatenses, sí tuvo lugar.

Me consoló temporalmente la visión de las cosas de mi admirado Gamés pero, con el pasar de las horas y la acumulación de otras evidencias, me comencé a emperrar de nuevo, vaya que sí.

Hoy, mientras garrapateo trabajosamente estas líneas, me permito declarar que el equipo nacional de Egipto sufrió un robo en despoblado. Digo, una faltita a 80 metros de la portería de los faraones, cinco o seis jugadas posteriores sin mayores perjuicios para el juego de los argentinos y… ¡¡¿¿anulas el gol??!!

Luego, en el otro tanto que anotaron los suramericanos, las circunstancias fueron parecidas pero al árbitro no le pareció necesario aplicar las mismas apreciaciones ni mucho menos decretar una paralela anulación del gol. O sea, descarado favoritismo aunque en la muy personalísima visión de este escribidor puede tratarse, no de una consigna formulada en las altas esferas de la organización que rige el futbol en el mundo sino, miren ustedes, del latente racismo del árbitro francés.

Después de todo, Egipto es lo que es, un populoso país africano sin demasiados créditos en el concierto de las demás naciones y, encima, declaradamente musulmán. Puedes, entonces, castigarlo alegremente y no pasa nada, fuera de las reacciones de ellos, el entrenador y los aficionados de allá, que realmente no le importan a nadie.

Y, bueno, la comercialización se impone de la misma manera: ¿quién diablos hubiera sido el árbitro valiente que hubiera decretado, en la cancha y al comenzar el torneo, la expulsión de Messi por una falta merecedora de una roja directa? A lo mejor en otros tiempos, oigan, pero hoy mandan los intereses superiores del mercado. ¡Qué siga el espectáculo, antes que nada!

Ah, y lo de Trump: inmiscuirse en las regulaciones del la mismísima competición y hacer que el obsecuente Infantino se las apañe para cancelar la tarjeta roja de un jugador estadounidense. No habíamos visto parecida cosa, qué caray.

Había yo disfrutado muchísimo este Mundial. Pero, ya me emperré…


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Román Revueltas Retes
  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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