Cultura

El zoquete rabioso

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El presentador de televisión Pedro Sola. ESPECIAL
El presentador de televisión Pedro Sola. ESPECIAL

No sé si sea la fiebre del fútbol, ​​pero en días recientes ha florecido la incontinencia verbal. Parecería se libra un magno campeonato de babosadas, donde cada participante saca lo peor de sí para significarse por gaznápiro, imprudente o canalla. “No me di cuenta”, aducen, cuando llega el momento de excusarse. “Nunca he pensado así.” “No super lo que hacía”. Es tarde, sin embargo, para otorgarles crédito, sobre todo si sus barbaridades, como suele ocurrir, parecen más auténticas que sus disculpas. Políticos, atletas o comunicadores, no parece Arredrarles la posibilidad de tener que cargar, en adelante, con todo el peso muerto de sus prejuicios.

         Un ejemplo reciente es Pedro Sola, famoso charlatán que desde hace tres décadas vive de la cháchara televisiva, comúnmente enfocada a pasar revista a la vida privada de la farándula. De sobra conocemos el formato: una cuarteta de hijos de vecino, cuya presencia diaria ante las cámaras da brillo y proyección a su locuacidad, ventila cada día sus fobias y caprichos personales, casi siempre a costillas de la gente famosa cuyas intimidades les sirven, a su vez, para volverse tan famosos como ellos.

         Por sus ya reiterados comentarios, se sabe que al mentado señor Sola —un sujeto apodado Tío Pedrito , a modo de atenuante para su conocida antipatía— le molestan los niños y los perros. No soporta chillidos ni ladridos, y menos todavía si resulta que está en un restaurante. Ya alguna vez ha dicho que los dueños de perros deben cortarles las cuerdas vocales; una idea que acaso podría funcionar con ciertos malos bichos ignorantes, cuya palabrería estólida e insulsa no suele ser obstáculo para que se les llame “líderes de opinión”.

         No conforme con haber sugerido la mutilación vocal de los canes —una infamia, por donde se le vea— el mal amado Sola ha vuelto al ataque con la propuesta ruina de envenenarlos, y lo ha hecho orondamente delante de las cámaras, asumiendo tal vez que su público está integrado por una mayoría de indolentes, rufianes e hijos de puta. Lo cierto, sin embargo, es que no pocos escuchan sus palabras con respeto, e incluso reverencia, por el hecho de verlo en la pantalla. Cual si eso le restara condición de mortal.

         Quienes sienten una estimación especial por los perros entienden que cuentos desmesuras sólo pueden venir de un pobre infeliz. Alguien que por supuesto nunca ha tenido perro que le ladre, ni ha hecho el menor esfuerzo por entender la comunicación profunda y entrañable que une a las personas con los chuchos, ni tampoco imagina que un cuadrúpedo pueda resultar más brillante que él (cosa no muy difícil, la verdad). De más está decir que el tipo no se esfuerza en absoluto en procurar la más leve empatía con una mayoría de congéneres que cada día encontramos en el amor perruno la oportunidad de ser un poquito mejor como personas.

         Agobiado por miles de reacciones furiosas a la miseria idiota de sus comentarios, regañado de paso por sus patrones, no tardó el charlatán en excusarse, a través de un video donde no tiene empacho en leer en voz alta, de la pantalla de un teléfono móvil, sus sentidas disculpas. “No soy capaz de matar una mosca”, añade, sin el menor asomo de franqueza, cual si le interesara dejar claro que no cree una palabra de lo que está diciendo, ni por supuesto se arrepiente de nada.

         Que todo esto sea obra de un comunicador profesional, perteneciente a la comunidad gay y en tanto ello víctima recurrente de la intolerancia, hace el entuerto dos veces grotesco. ¿Cuántos machos palurdos aborrecen a Sola por sus puras preferencias sexuales? ¿No es verdad que más de uno sugeriría con gusto silenciarlo, castrarlo, exterminarlo? ¿Y cómo es que el fulano les da la razón, a fuerza de expresar y diseminar la misma rabia absurda e insensible? Hay gentuza que me hace renegar de mi especie: me temo seriamente que este es el caso.


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Xavier Velasco
  • Xavier Velasco
  • Narrador, cronista, ensayista y guionista. Realizó estudios de Literatura y de Ciencias Políticas, en la Universidad Iberoamericana. Premio Alfaguara de Novela 2003 por Diablo guardián. / Escribe todos los sábados su columna Pronóstico del Clímax.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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