Política

El informe de los Legionarios

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Al vuelo de las denuncias contra Fernando Martínez durante su paso por la escuela de los Legionarios en Cancún, la orden acaba de liberar un informe de los abusos cometidos por sus sacerdotes a través de su historia. El documento, recién liberado, deja harto qué desear: más allá de la tardía y muy conservadora admisión de que 175 menores fueron víctimas de la orden, atribuyéndole 60 de esos abusos al mismo Marcial Maciel, el único a quien convenientemente denuncian por su nombre, nada hay en el texto sobre los mecanismos arraigados que permitieron y alentaron por décadas la cultura del abuso a lo largo y ancho de sus centros: el encubrimiento y la complicidad.

Dice el documento que, de los restantes sacerdotes inculpados, más o menos la mitad fue violenta por ellos mismos durante sus años formativos, seis ya murieron, ocho dejaron el sacerdocio, uno dejó la orden y 18 siguen allí, pero lejos de los niños o apartados en diferentes grados del ministerio. Pero nada dice de cómo, reiteradamente, esos mismos sacerdotes, al recibirse acusaciones contra ellos, fueron una y otra vez removidos del lugar de los hechos a otros países donde la ley no los alcanzaría, no pocas veces a encomiendas donde hubiera menores frescos bajo su autoridad; que las víctimas fueron recurrentemente minimizadas en el proceso de denuncia e intimidadas y vejadas durante y después, señalándolas como enviadas de Satán, como viles extorsionadoras o expulsándolas de la comunidad —es recordable la saga de Alberto Athié—; que la tibia condena vaticana a Maciel, nunca publicada, fue presentada por la orden a sus acólitos como un retiro voluntario del gran fundador que quería dedicarse a orar, aunque en realidad se hubiera dedicado a blasfemar a diestra y siniestra mientras paseaba por las villas de incautos mecenas acompañado por directivos chaperones, por una de sus mujeres y una de sus hijas, a quien la orden le agenció, pasándose a sus donadores por los tanates, manutención completa con al menos un par de pisos en Madrid. Esto no impidió que los implicados le rindieran honores de santo cuando murió, a pesar de conocer toda la cúpula a cabalidad el monstruo que su fundador había sido. De nada de esto soplan palabra alguna.

Celebro la rendija abierta con este informe, pero es difícil aceptarlo de buena fe si la mayoría de los facilitadores de los horrores esbozados allí de pasadita fungen aún como sus líderes, preparándose sin pero alguno a conducirla por su siguiente Capítulo General, en Roma, a partir del 20 de enero. La realidad es que mientras la Legión no aborde frontalmente las omisiones y agravios que tuvo con las víctimas primero y con sus críticos después, mientras no reconozca que mintió y encubrió de entrada al fundador, y luego a la ristra de abusadores por él moldeados y, sobre todo, mientras no remueva de todo puesto directivo a quienes fueron responsables de construir ese capelo de lodo a su derredor, las acciones que pueda tomar, incluido el reciente documento, solo pueden ser vistas como un cínico intento de control de daños.

@robertayque

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Roberta Garza
  • Roberta Garza
  • Es psicóloga, fue maestra de Literatura en el Instituto Tecnológico de Monterrey y editora en jefe del grupo Milenio (Milenio Monterrey y Milenio Semanal). Fundó la revista Replicante y ha colaborado con diversos artículos periodísticos en la revista Nexos y Milenio Diario con su columna Artículo mortis
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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