Política

Un papá ejemplar

Escuchar audio
00:00 / 00:00
audio-waveform
volumen-full volumen-medium volumen-low volumen-mute
Escuchar audio
00:00 / 00:00

El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, justificó como amor paterno lo que en los hechos es abuso de poder, peculado y conflicto de intereses. Abuso de poder porque, entre 2021 y 2022, cuando ejercía de canciller, aceptó favores excepcionales de Josefa González-Blanco, su embajadora en Reino Unido. El secretario afirma que ella fue quien le ofreció para su hijo tres cuartos en el segundo piso de la casona de la embajada, con cocinera y servicio completo. Aunque así hubiera sido —y bien pudo serlo, con esa costumbre de besar traseros propia de nuestros cacicazgos—, la aclaración es espuria en el contexto de la inequidad, como cuando una empleada de recién ingreso le acepta al jefe una cita romántica “por su propia voluntad”.

Peculado porque, a pesar de no ser empleado ni formar parte del personal consular, el chico ocupaba recursos etiquetados exclusivamente para uso oficial. Al canciller ese arreglo le brindó un beneficio estrictamente personal, pero la estancia no la pagó él, sino todos los mexicanos. Y conflicto de interés porque, ¿cómo podría Ebrard sancionar a su subalterna, en caso de incurrir ella en alguna conducta ilegal o impropia —por ejemplo, ordenar detener un vuelo comercial hasta llegar, retrasada, a abordarlo—, si esta atendió por meses al niño de sus ojos, a la sangre de su sangre y al pinole de su atole “como a un hijo”?

No extraña que, en nuestro franco deslizamiento hacia la corruptora autocracia, Ebrard haya llegado a considerar ciertos bienes públicos como merecidos usufructos. Lo asombroso es que, a pesar de llevar dos sexenios como uno de los operadores más cultos, informados y eficientes del morenato —de la probidad no hablemos—, no entienda que, como con la esposa del César, lo importante no es ser honesto, sino parecerlo. Así, en días pasados, el secretario insistió en que no usó “ningún recurso indebidamente… salvo la preocupación de un papá por la salud de su hijo”, y acusó a los que señalaron sus abusos de mezquinos.

La citada preocupación, y la necesidad de que el muchacho quedara al cuidado de la embajada en vez de arreglársela por su cuenta, se dio porque todo esto sucedió durante la pandemia, cuando el entonces jefe máximo de Ebrard juraba que para protegerse bastaba un detente, que el covid era cosita de nada, que sólo dañaba a la gente inmoral, que se curaba con ivermectina, que no lleváramos máscaras ni guardáramos distancia, que al cabo la vacuna Patria llegaría rapidito. Con uno de los peores desempeños del mundo, en México casi medio millón de almas murieron ahogadas, boqueando en sus casas o en los pasillos de las clínicas, donde no había ni aspirinas para darles alivio. Los médicos y las enfermeras trabajaban dobles y triples turnos sin protección, y las vacunas que se aplicaron muy tarde fueron, en su mayoría, patito.

¿Qué hay de malo, nos dice hoy el secretario Ebrard, en que, en esas feas circunstancias, un buen papá le haya arreglado a su hijo, a cuenta del erario, un semestre de vida de rey con nuestra embajadora en Londres como niñera?

Me doy con estos humanistas.


Google news logo
Síguenos en
Roberta Garza
  • Roberta Garza
  • Es psicóloga, fue maestra de Literatura en el Instituto Tecnológico de Monterrey y editora en jefe del grupo Milenio (Milenio Monterrey y Milenio Semanal). Fundó la revista Replicante y ha colaborado con diversos artículos periodísticos en la revista Nexos y Milenio Diario con su columna Artículo mortis
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.