Política

Rumbo a la oscuridad

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Baja la noche a decirnos sus secretos. No me quito el reloj para dormir. No pongo el tiempo en el buró de noche, me lo quedo puesto y eso me da alguna serenidad: las horas pasarán conmigo, separarlas de mí me dejarían fuera del mundo. No se trata de la oscuridad, sino más bien de esa forma de vagar por la nada sin esperanza de regreso.

Veo la hora al menos una vez en la madrugada, mi reloj tiene manecillas fosforescentes. Cuatro treinta, la hora de los recuerdos enredados, pienso entre el sueño y la vigilia. En ese momento traigo mi amuleto, Borges y su poema Insomnio:

 

En vano espero

las desintegraciones y los símbolos que preceden al sueño.

Sigue la historia universal:

los rumbos minuciosos de la muerte en las caries dentales, la circulación de mi sangre y de los planetas.

 

Nunca me aprendo poemas completos, apenas líneas sueltas, como estas otras del final del poema Nubes:

 

Eres nube, eres mar, eres olvido.

Eres también aquello que has perdido.

 

Mi papá dormía como un lirón, o eso creía yo. Sobre su mesa de noche depositaba el tiempo, sus llaves, unas pastillas de menta Usher, su agenda y su cartera. Como en el principio de En busca del tiempo perdido, durante mucho tiempo durmió temprano. Mi madre se acostaba tarde, después de revisar que las hornillas de la estufa estuvieran cerradas para evitar lo que se conoce como muerte dulce, cuando el gas te duerme, y desde luego dejaba la doble llave de la puerta bien puesta.

Así caí en el libro de Clarice Lispector Dónde estuviste de noche y, en especial, en una crónica en la cual escribe esto: “Nosotros dividimos el tiempo, cuando en realidad no es divisible. Siempre es inmutable. Pero nosotros necesitamos dividirlo. Y por eso se inventó una cosa monstruosa: el reloj”.

Tengo cuatro monstruos en el cajón del buró, todos con manecillas que brillan en la oscuridad. Los que no nos quitamos el reloj en la noche ¿a qué le tenemos miedo? Breve lista: al insomnio, a los recuerdos, a la memoria, al espejo, a las nubes de Borges, a todo aquello que hemos perdido.

De un tiempo a esta parte duermo mejor ayudado por fármacos bien recetados. Mis sueños son largos, casi interminables. Quiero soñar ferias sin despertar, quiero soñar a mis muertos como si estuvieran vivos y sin amargura. Y despertar para hacerme un café y pensar en mí cuando me veo al espejo.


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Rafael Pérez Gay
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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