La noticia corrió como fuego en la paja. Un comunicado de Era dio a conocer que detendría sus operaciones y suspendería sus actividades: “a partir de este momento irá cerrando cuentas con todas las librerías y puntos de venta que tienen sus libros (…). Nos vemos en la necesidad de reconocer que el mercado del libro ha cambiado tanto que no nos permite vivir de las ventas de nuestros libros. La red de librerías que existía antes de la pandemia y que garantizaba nuestra existencia desapareció al grado de que las ventas se desplomaron hasta ser apenas del 25 por ciento de lo que eran antes”.
La noticia cimbró al mundo cultural. No es para menos, Era es más que una editorial, sus libros han formado a varias generaciones de lectores. Sus contenidos, diseño y cuidado editorial han hecho escuela desde el año de su fundación, en 1960.
Escribí esto en X y lo hago ahora aquí: no sólo la pandemia ha puesto a las editoriales pequeñas y medianas contra las cuerdas. La política del libro, si alguna, del gobierno de López Obrador y de Claudia Sheinbaum ha destruido la industria editorial. El ejecutor ha sido Taibo, el escritor del lenguaje elegante y rico vocabulario. Añadí, y lo sostengo, que Era no ha cerrado sus puertas del todo y que aún se puede impedir el cierre definitivo.
Al día siguiente de dar a conocer este boletín, la editorial publicó una corrección: “lo que hoy anunciamos es que Ediciones Era reduce al mínimo sus operaciones. Sabemos que las noticias tienen dificultades para suplantar a los chismes, pero esto es lo que está sucediendo”.
¿El primer comunicado de Era fue un chisme, una mentira? En un X, Ediciones Era sostuvo que el primer comunicado era un documento “interno para clientes que se hizo público en diversos medios de comunicación”, por lo cual prepararon un mensaje único. ¿Un mensaje para clientes es un comunicado interno?
La noticia del comunicado uno, privado, para clientes y el boletín dos, único y verdadero, llegó a Palacio Nacional y la Presidenta ofreció analizar “la posibilidad de ayudar a Ediciones Era”.
Buena cosa, ni duda cabe, que desde Presidencia ayuden a una importante editorial. Mejor habría sido añadir a esta acción una política de Estado para respaldar al libro y otras expresiones culturales, como lo hicieron diversos países durante la pandemia y el regreso a la vida después de la catástrofe. Ya sé que es mucho pedir, pues sería un impulso democrático que no tiene la Presidenta.