Política

Che Guevara

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Las estatuas de Fidel Castro y el Che Guevara descansan de sus combativas vidas en una bodega de la alcaldía Cuauhtémoc. Las han envuelto en papel burbuja para que no pasen frío. Esperemos que permanezcan allí hasta el fin de los tiempos.

Mientras veía estos monumentos a la dictadura, pensé que la muerte prematura de Guevara lo convirtió en un gran símbolo de la lucha revolucionaria, un héroe, un emblema internacional del combate contra el imperialismo yanqui.

La verdad es que el adolescente que fui tuvo afiches en la pared de mi cuarto y la clásica gorra del comandante y hasta canté la espantosa canción que compuso Carlos Puebla, “Hasta siempre, comandante”, en 1965, después de que el Che abandonó Cuba porque “otros lugares del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos”, como decía la carta que le escribió Guevara a Castro.

Desde luego leí, como muchos amigos, El diario del Che en Bolivia con sus anotaciones de guerra desde el 7 de noviembre de 1966 hasta el 7 de octubre de 1967, un día antes de su captura.

Seamos compasivos con nosotros mismos y perdonemos nuestro entusiasmo por la revolución cubana allá en los viejos sesenta y principios de los esperanzados setenta, pero lo cierto es que desde muy temprano, Fidel mostró al dictador inexorable que había en él desde que puso un pie en el Granma.

Ernesto Guevara no era distinto al Fidel que vibra en la montaña. El ejército boliviano lo cercó en la famosa Quebrada del Churo y luego lo ejecutaron, pero era tan dogmático, sectario, violento y cruel como Fidel. El guevarismo y su idea de la guerra de guerrillas consistía en esto: “el odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa al ser humano más allá de sus limitaciones naturales convirtiéndolo en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. Pregunto a ChatGPT y me responde que este párrafo se publicó en 1967 en el mensaje de Guevara titulado “Mensaje a la Tricontinental”, también conocido por su frase inicial: “crear dos, tres… muchos Vietnam”.

Los defensores de la revolución cubana en estos tiempos defienden esa postura guevarista y desde luego la represión que desató Fidel desde tiempos lejanos en contra de la disidencia.

Guevara no se salva de la violencia tiránica. Por lo que toca a sus estatuas, déjenlas en la sombra de una bodega. Yo estaría de acuerdo, eso sí, en que invitaran a Taibo a platicar con las estatuas una vez a la semana.


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Rafael Pérez Gay
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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