Política

Renombrar

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Cuando la Presidenta decidió cambiarle el nombre al Paso de Cortés, recordé una historia de la trama de Ciudad México. En el año de 1891, el gobierno de Porfirio Díaz cambió de un día para otro la nomenclatura de la ciudad, nombres conocidos de toda la vida pasarían a tener un orden numérico. La calle de José María Marroqui sería la calle Sur Cuatro; el Callejón del Sapo, se llamaría calle Sur 4 B; la calle de Bolívar se convertiría por decreto en la Calle Sur 1.

Durante días, el malestar y el caos hicieron imposible el funcionamiento de la ciudad. Las autoridades porfirianas no entendieron que la memoria urbana no es una propuesta política sino una forma de la costumbre urbana. ¿Alguien sabe por qué una calle se llama San Juan de Letrán, y otra Ernesto Pugibet?  Ecos de tiempos pasados, repeticiones de la familia, raíces un poco sin sentido de aguas pasadas.

Quien busque en esos nombres un significado histórico y con carga ideológica comete un error monumental. ¿Los parisinos saben por qué se llama rue Rivoli o río Sena?  La presidenta se equivoca: el Árbol de la Noche Triste siempre se llamará así y no árbol de la Noche Victoriosa. El Paso de Cortés recordará a Cortés y no a los pueblos indígenas.

Por cierto, a partir de 1891, la nomenclatura de la ciudad regreso a sus viejos nombres, a su memoria, a su sueño urbano. La calle Monte de Piedad volvió a llamarse así; Pino Suárez, Revillagigedo, Cinco de Mayo, no se atrevieron a llamarse 5 Sur y 5 Sur A.

Los nombres de las calles y las plazas cambian con la aprobación de la multitud urbana: en una noche de 1880, el joven Gutiérrez Nájera asistió al teatro del ex Seminario ubicado en la esquina que forman las calles de Escalerilla y Seminario (hoy República de Guatemala y Argentina), a un costado de la Catedral. Se presentaba el espectáculo de moda, La Tandas.

Tal vez el único que pudo cambiarle de nombre a las viejas calles que hoy conocemos como Uruguay, Argentina, Brasil, Cuba, Venezuela y no les devolvió sus viejos nombres fue Herminio Pérez Abreu, quien recibió esa orden cuando fue presidente municipal en el año de 1921.  Siempre pensé que cambiar esos nombres había sido un error. Luego me enteré de que había sido el abuelo. Pues gran error.

Si se trata de la ciudad, renombrar es borrar una parte del pasado y un intento débil de invención.


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Rafael Pérez Gay
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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