Goldman Sachs, Citibank y Morgan Stanley acaban de anunciar a sus despachos de abogados que deberán bajar sus honorarios, pues la tecnología ha hecho más eficaz el trabajo de rutina en todos esos bancos. La tecnología a la que hacen referencia es la inteligencia artificial. La IA avanza con enorme rapidez en el ámbito digital; comienza a dar pasos veloces en el mundo físico. Es una tecnología que le quita ya su empleo a los profesionistas; que le quitará también su trabajo a los obreros, por medio de la generalización del uso del robot.
“La transición hacia la era de la inteligencia artificial será uno de los periodos más turbulentos de la historia de la humanidad”, escribió hace poco Bill Gates. “Dado que puede ver, escuchar, hablar y razonar, y con el tiempo realizará trabajo físico con la misma facilidad que cualquier ser humano, la IA no afectará únicamente a un sector. Asumirá tareas en ámbitos como el derecho, el servicio al cliente, la medicina, el desarrollo de software y la manufactura”. El cambio no ocurrirá, como otros en el pasado, a lo largo de las generaciones. Sucederá en un puñado de años. Y no nos estamos preparando adecuadamente para enfrentar esta transición, agrega Gates. Debemos hacerlo antes de que sea demasiado tarde.
La transición hacia la inteligencia artificial implica varios riesgos. Uno es que muchos trabajos desaparecerán para siempre: “En una sociedad capitalista, el empleo es la forma en que la mayoría de las personas obtiene el dinero que necesita para cubrir sus necesidades básicas, además de ser una fuente clave de dignidad y conexión social. Si una comunidad tiene un alto índice de desempleo, las repercusiones pueden ser generalizadas”. Otro es que la IA permitirá que las personas (y tal vez las propias IA) causen más daño: “El mismo modelo de inteligencia artificial que puede detectar una falla en un software para que una empresa la corrija, también puede ayudar a un delincuente a aprovecharla”. Uno más es que podríamos de hecho perder el control: “Los propios sistemas de IA ya actúan ocasionalmente de formas que sus diseñadores no pretendían. La tecnología está mejorando más rápido de lo que nadie esperaba y de maneras sorprendentes, y a medida que los modelos se vuelvan más poderosos, podrían empezar a actuar en contra de nuestros intereses”.
La inteligencia artificial, desde luego, es capaz de darnos beneficios que jamás imaginamos. Gracias a su capacidad para sintetizar información de todos los campos del conocimiento, puede acelerar la innovación en los desafíos técnicos más difíciles que enfrentamos. Puede proporcionar energía limpia para todos, combatir el cambio climático, erradicar enfermedades, mejorar la educación, producir suficientes alimentos para todo el mundo. Por eso es fundamental que los beneficios superen a los daños. Gates propone, para ello, reservar algunos empleos para los humanos, pero piensa que el más importante de los retos es crear un nuevo sistema para gestionar la transición. “Una tarea monumental”, dice: “crear un marco nacional e internacional para abordar la IA”. Es urgente hacerlo porque estamos iniciando, en efecto, uno de los periodos más turbulentos de la historia de la humanidad.