Fray Andrés de Olmos y fray Bernardino de Sahagún, en el siglo XVI, recogieron los Huehuetlatolli, discursos que, para transmitir los principios y las normas morales, usaban los padres de familia nahuas para la educación de los hijos. Esos discursos son muy importantes, pues encierran una sabiduría notable y nos dan idea de la relevancia que tenía para ellos la formación del rostro y el corazón, difrasismo con el que se indicaba la persona, pues el rostro es la manifestación de ella hacia los demás y el corazón su dimensión interior y profunda.
Sabemos que para los mexicas existieron también escuelas, como el Calmecac y el Telpochcalli, la primera para la formación de los nobles, donde se les capacitaba para ser guerreros, sacerdotes, gobernantes, y la segunda para jóvenes del pueblo, donde se instruían en ceremonias y rituales, así como en la práctica de habilidades para la guerra.
Podemos percibir entonces una doble vertiente educativa en la sociedad mexica, la de la casa y la de las instituciones escolares. Los Huehuetlatolli en particular nos señalan un punto clave de la educación que pareciera hoy en día perder su importancia. Se trata del insustituible papel educativo de la familia, sobre todo de los padres. Evidentemente el ideal náhuatl de los padres los impulsaba no sólo a dar a sus hijos el alimento corporal que necesitaban, sino a inculcar en ellos los principios para comportarse bien en el respeto de todos.
En nuestro país convendría que los padres de familia cobraran una mayor conciencia y por lo mismo una mayor responsabilidad en la educación de sus hijos. En algunos casos pareciera que la educación es un asunto de las escuelas, a las que se les confía los hijos sin más, como si nada tuviera de cierto aquel dicho de que la educación "se mama". Sin embargo, es ante todo un asunto de padres de familia.
Desde el punto de vista de la instrucción es naturalmente deseable que una persona posea conocimientos y habilidades diversas y que la sociedad necesita personas bien capacitadas. Pero la instrucción sola no ayuda para contar con mejores ciudadanos. Eso nada más se logra con la verdadera educación, que comienza en la casa, sobre todo con la intervención dedicada y paciente de los padres.
Si nos quejamos de tantos problemas sociales deberíamos reflexionar en el centro del tema educativo. Es en los padres de familia donde se hallan las posibilidades de brindar la educación que se necesita en México. Esa función no puede darse a los gobernantes y políticos.