Política

Acción y contemplación

En el desarrollo del cristianismo se pueden encontrar dos realidades que, siendo en el fondo complementarias, pueden ser tomadas a veces como contrarias: la acción y la contemplación. Por ahora tomamos contemplación de un modo amplio, incluyendo en ella también la meditación e incluso la oración vocal. Cabe notar que nuestro mundo contemporáneo se inclina sobre todo a darle primacía a la acción y a marginar la contemplación o aquello que se le parezca.

La acción propiamente humana, aquella que proviene de las decisiones libres y de la cual somos responsables, no es posible, sin embargo, sin una raíz de sesgo contemplativo. La acción humana posee un sentido y un fin que la precede, porque precisamente es lo que desencadena la acción. De ahí que se diga que el fin es lo primero en la intención y lo último en la ejecución, no es la acción sino a dónde ésta se dirige.

La relación entre la acción y la contemplación tiene que ver con la de los medios y los fines, lo cual nos hace ver que una acción no puede adquirir una dimensión de mérito o de demérito si no es por su intrínseca naturaleza y en función del fin propio al que se orienta. En otras palabras, la acción tiende a la adquisición y disfrute del bien. Incluso quien hace el mal busca un bien, si bien de forma desordenada y errónea.

La complementariedad del binomio acción-contemplación se manifiesta en la cultura cristiana en la institución monástica, que representaba para la sociedad la necesaria dimensión contemplativa de la existencia. Ciertamente, el ideal era que cada persona de acuerdo a su papel en la sociedad, viviera la dimensión activa y la contemplativa, pero el ejemplo de los monjes ayudaba a los demás a no perder el sentido de la vida y a no restar importancia a la contemplación.

En el terreno social, incluyendo todas sus áreas, como la familia, el trabajo, la economía, la política nacional e internacional, la ecología y la paz, es evidente la necesidad de actuar. Así, se tiene que fomentar la participación de los ciudadanos, buscar que haya mejores leyes, mejorar la distribución de la riqueza, fomentar la cultura y el deporte.... Pero estas acciones perderán sentido si no nos damos tiempo para reflexionar y para verlas en una perspectiva de trascendencia.

Los creyentes en Cristo encontramos en él mismo un ejemplo de complementariedad entre acción y contemplación. Se dice de él que "pasó haciendo el bien". En efecto enseñaba y curaba, pero también se apartaba de la acción y tenía sus momentos de oración y meditación.

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Pedro Miguel Funes Díaz
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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