Cualquier adicción conlleva el empobrecimiento del mundo del adicto; su vida se reduce a una opción para entretenimiento, una opción para relajarse, una opción para lo que sea: su droga. Todas las demás opciones quedan desdibujadas, cuando no olvidadas. Hoy en día, la omnipresencia de nuestros dispositivos móviles y su aceptación como parte de la normalidad, facilita una peligrosa adicción. Esos “espejos negros” no son en modo alguno una droga menor, por lo que es imprescindible conocer los síntomas que delatan adicción, para prevenirla o tratarla.
¿Cuándo debe considerarse el empleo de una pantalla, sea una tablet o celular, como una adicción? Un elemento característico es lo que ya mencionaba: el empequeñecimiento del mundo. Para el adicto el mundo entero depende de su adicción y el resto de las opciones de vida dejan de existir, su vida se ve reducida a esa única opción. Como con toda adicción, sin ella la vida se torna gris, por lo que se le requiere y busca con ansiedad. Sin darse cuenta, el adicto se enclaustra en el pequeño mundo de la pantalla negra y pierde de vista otras posibilidades en que podría existir desde el uso sano de un dispositivo móvil.
Se podría pensar que ocurre lo mismo en cualquier proceso creativo: para el pintor solo existe su pintura; para la escritora solo importa verter su mundo de ideas en el papel en blanco. Pero hay una diferencia fundamental: el que crea, emerge de su experiencia de manera enriquecida. En ese sentido, quien crea, se re-crea, se transforma a sí misma, crece, se despliega junto con su creación. Las adicciones carecen de ese proceso creativo: absorben al individuo, sin hacerlo emerger fortalecido. De hecho, no lo hacen emerger, sino que lo hunden, lo mantienen atado y con ello, deja de ser dueño de sus procesos vitales para vivir bajo la tiranía de su IPad o su teléfono celular.
Tenemos ya algunos factores indicativos en los que debemos buscar para saber si se trata de una adicción: saber si el empleo del dispositivo está robando tiempo para otras actividades que solían ser usuales. Otro factor a saber es si el mundo del usuario se ha empobrecido o enriquecido por el uso del dispositivo. Uno más: sabemos que se trata de una adicción cuando, sin el estímulo del mundo virtual del dispositivo, el mundo real se torna gris. Como si ante los encendidos y artificiales colores de la pantalla, el mundo desluciera y opacado por esos hipnóticos colores, palideciera. Pero a la vez, en esos vivos colores artificiales del dispositivo, el que palidece es el adicto, que se vuelve un autómata deprimido a quien solamente le es requerido llevar a cabo acciones mecánicas: pulsar botones en lugar de pensar, pulsar botones en lugar de crear.
Ese es el mundo que se potenció cuando un triunfante Steve Jobs, anunció la posibilidad de tener todo a la mano en un solo dispositivo móvil. Por si todo eso fuera poco, los grandes comerciantes del mundo cibernético han desarrollado todo tipo de juegos que generan dependencia. Esos juegos son todos, una especie de Sugar Crush que hacen a la mente lo que el azúcar al cuerpo: un choque gratificante que, de repetirse constantemente, genera adicción.
Que los dispositivos móviles sean pantallas altamente adictivas no sería tan grave si no estuvieran al alcance de todos. La imagen de un bebé inquieto al que la madre distrae con un celular es ya parte de nuestra cotidianidad. Equivale a un adolescente inquieto al que un dealer le muestra droga, solo que es más peligrosa, porque no está censurada y es omnipresente y mortal para el pensamiento libre.
El problema, por supuesto, no está en la tecnología, sino en su uso. Un cuchillo de cocina puede emplearse para crear un delicado platillo o para matar. Un dispositivo móvil puede abrir nuestro mundo a nuevos mundos o puede encerrarnos en la oscuridad de la dependencia y la adicción. La teoría aristotélica del término medio viene aquí al caso: ¿cómo saber cuál es el empleo moderado, el término medio en el uso de un dispositivo? El empleo adecuado de un dispositivo es el que conduce al individuo a su excelencia. Le eleva, no le deprime; le hace activo, no pasivo; le da vida, no se la quita.
Mientras más avance la tecnología, más apremiante será pensar cómo usarla sabiamente.
Paulina Rivero Weber