Aunque él no se consideró un integrante del género, ni sus estudiosos lo ubican como tal, muchos de los cuentos de Julio Cortázar pertenecen a los subgéneros del terror psicológico y el urbano y cotidiano. “Casa tomada”, me parece, es una mezcla de ambos, ya que el origen del miedo pendulea entre la cordura y la falta de esta, el aislamiento social y el trauma que deja un pasado tormentoso travestido de tranquilidad.
Protagonizada por una pareja de hermanos, la historia transcurre al interior de una casona donde los días suceden entre el tejido de Irene y las lecturas de un hermano anónimo que figura como narrador. La monotonía de sus rutinas aburguesadas se rompe cuando al fondo del pasillo que lleva a la parte trasera de la casa, él escucha un ruido “impreciso y sordo, como un volarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación”. Atenazado por el miedo cierra la enorme puerta de roble que separa ambos lados de la casa, para resguardarse en la habitación de su hermana. Tácitamente, en ese momento la pareja aceptó vivir en la parte que aún no había sido tomada por las misteriosas entidades.
Pasaron más días entre tejidos y la revisión de estampillas, hasta que el ruido y los cuchicheos brotaron justo al lado del cuarto de Irene. “Han tomado esta parte”, dijo ella. “¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa?”, preguntó él, “no, nada”.
Aquella noche “rodeé con mi brazo la cintura de Irene y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada”.
Este cuento me recuerda lo que le ha venido sucediendo al edificio de la democracia en México. Con horror hemos visto cómo cerró el Instituto Nacional de Evaluación de la Educación, la Comisión Federal de Competencia Económica, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, la Comisión Reguladora de Energía, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social y el Seguro Popular.
La irremediable posesión también sobreviene en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal Federal Electoral y, por supuesto, el Instituto Nacional Electoral.
Visto lo visto, la fórmula para recuperar lo que estas horrorosas entidades le han quitado a la ciudadanía, se encuentra en la literatura fantástica de Cortázar y otros genios de su talla, porque de “la estrategia” presidencial no podemos esperar nada.