Política

Un hijo malvado

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En la mitología griega, los titanes, conocidos también como los dioses antiguos, durante un tiempo incalculable fueron amos absolutos del universo. De entre ellos, el más icónico fue Crono (Saturno, en latín), conocido por su enorme poder y falta de escrúpulos para actuar de manera cruel y despiadada.

La primera de sus muchas atrocidades la llevó a cabo para liberar a Gea (su madre) y a sus hermanos del yugo de Urano. Cuando ésta vio que era el momento indicado, le facilitó una afilada hoz de piedra con la cual Crono castró a su propio padre, quien en ese mismo momento lo maldijo y condenó a sufrir la misma suerte. Trastornado por dicho pensamiento ideó un plan infame: comerse a cada uno de los hijos que pariera Rea, su esposa. Así, conforme nacieron, se devoró a Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón, pero no logró hacerlo con Zeus (Júpiter, en latín), quien, cabroncito como era, al tiempo le hizo ver su suerte.

Las versiones sobre su destino final varían. La romana dice que con la llegada de Zeus al trono del Olimpo, Crono huyó a Lacio (Italia), donde a lo largo de su reinado hubo una paz perfecta y mucha felicidad. Por su parte, Hesíodo, en su Teogonía narra que fue arrojado al inframundo donde los gigantes de cien brazos lo custodiaron para evitar que se escapara de ahí. Píndaro refiere que tras purgar su pena en el inframundo (el Tártaro), Zeus le otorgó el perdón y lo envió a las Islas de los Bienaventurados, sitio en el que se regocijaban las almas de los héroes y los seres más virtuosos.

Versiones más, versiones menos, la historia de Crono deja en claro la imposibilidad de tener una sucesión intergeneracional tersa para reinar el cosmos. Como señala Jean-Pierre Vernant, la pugna entre Crono y Zeus no es una simple disputa familiar, sino la transición de un universo donde las generaciones se excluyen entre sí a otro donde puedan coexistir dentro de un orden estable.

Traigo a cuento esta parte del legado de la mitología griega, porque nos permite entender las traiciones, venganzas, engaños, desencuentros, insidias, enredos y maromas de nuestro actual escenario político.

Proporciones guardadas, el Crono macuspano está viviendo en carne propia los perniciosos efectos de la megalomanía de su pequeño Zeus. El cual, por cierto, a falta de las virtudes glorificadas por la épica griega, no pasará de ser un torpe y deslucido hijo malvado, que condenó a su padre a vivir balbuceando locuras desde el Tártaro, un pequeño infiernillo perdido en La Chingada.


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Pablo Ayala Enríquez
  • Pablo Ayala Enríquez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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