Que el homenaje de cuerpo presente a Cuauhtémoc Cárdenas en el Palacio de Bellas Artes convocó no sólo a la presidenta Claudia Sheinbaum y a la jefa de Gobierno capitalino, Clara Brugada, sino también a los secretarios de Hacienda, Édgar Amador, y de Educación, Mario Delgado; al coordinador de asesores de Palacio Nacional, Jesús Ramírez Cuevas, y al eventual candidato de Morena a gobernador de Querétaro, Santiago Nieto. Quien apenas estuvo unos minutos, por su rechazo dentro del morenismo, fue Joel Ortega, extitular de la Secretaría de Seguridad capitalina y del Metro, quien pasó, se persignó y salió.
Que casi al término de la conferencia en la Cámara de Diputados del titular de la Auditoría Superior de la Federación, Aureliano Hernández Palacios, la exlegisladora María Elena Pérez-Jaén lo interrumpió para entregarle una carta con el fin de pedir que la sociedad civil participe en la fiscalización del INE, que hoy dirige de forma provisional Blanca Cruz. Aunque el personal de San Lázaro la quiso retirar, el auditor la escuchó con atención e invitó a los ciudadanos a que trabajen con el órgano supervisor que él encabeza.
Que como “muy duras” interpretó el senador Gerardo Fernández Noroña las expresiones de la Presidenta sobre Guadalupe Taddei, extitular del INE, a quien señaló de “traicionar la confianza del pueblo de México”. En sus redes sociales el legislador dijo: “Aunque todo te incrimine, tienes derecho a la presunción de inocencia”. Ahora resulta...
Que quien no halla cómo zafarse del tema es el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, quien salió en defensa de su secretario particular, Rogelio Piñeda Taddei, de quien contó que llegó como consejero jurídico y después se involucró en otras áreas de la administración, pero no por una recomendación de Guadalupe Taddei, a quien jura que jamás le preguntó ni ella se lo recomendó. “Buscaba yo a un joven con conocimiento, con experiencia. Y tenía muchos años en el Congreso como asesor”, dijo, sin querer entrarle al tema del escándalo sobre la expresidenta del árbitro electoral con sus proveedores. Ándele pues, góber.