Política

Motivos para la esperanza

Cada vez que me topo con la historia del Grinch brotan en mí emociones encontradas.

Por un lado, me encanta la misión de este duende amargado, descomercializar la Navidad y, por el otro, me asombran sus métodos crueles. No le tembló la mano para vaciar de regalos los arbolitos de las casas del pueblo, ni se mortificó del sufrimiento vivido por los niños que se quedaron sin ellos.

Y si al final del cuento el Grinch no logró fastidiar del todo al pueblo de Villaquién, el coronavirus, nuestro Grinch, sí nos arrebató la oportunidad de disfrutar el regalo de la compañía de todos nuestros seres queridos. Vivimos una Navidad extraña, agridulce, melancólica, a medias.

¿Caben motivos para el optimismo y la esperanza?

El optimismo, como dije aquí en otra ocasión, me da cierto repelús porque como señala Terry Eagleton en su libro "Esperanza sin optimismo", quien se deja embriagar por este sentimiento “es más bien alguien con una actitud risueña ante la vida […]. Prevé que las cosas van a resultar de modo favorable porque él es así. Como tal, no se da cuenta de que hay que tener razones para estar feliz”. El optimista diría: “llegaron vacunas a México; olvidémonos ya de este encierro”.

Por el contrario, quien vive una esperanza auténtica finca su deseo en razones que vienen de la mano de ciertas evidencias. El esperanzado, dirá Eagleton, no elude y se siente “capaz de escudriñar el abismo del posible desastre, algo que el optimista suele evitar”.

Enemiga del utopismo vano y el desaliento, la esperanza se levanta como esa virtud que nunca da por sentado, como lo hace el optimismo, que las cosas van a salir bien. Su estrategia es allegarse de los datos más fiables del presente, para ver entre sus grietas y rendijas lo que depara el futuro.

Nunca he creído en el optimismo tonto, pero sí, y mucho, en el sentimiento reparador que brota de esa esperanza que al oído hoy nos susurra: el coronavirus no se saldrá con la suya en la Navidad.

Mientras tanto, lejos de la desconsideración, el exceso y el sarcasmo, ¡le deseo muy feliz Navidad!

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Pablo Ayala Enríquez
  • Pablo Ayala Enríquez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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