Política

Así como 'La Motomami'

Nunca me ha molestado diferenciar al artista de la obra”, dijo Rosalía refiriéndose al legado de Pablo Picasso. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que La Motomami tuviera que pedir disculpas por externar algo que consideraba una convicción. En ese mensaje, con tono autoindulgente, agregó que “no tenía conciencia de que había casos reales de maltrato”, y que le “faltaba enterarse más del asunto”. Aprendió una clara lección: de lo que no se sabe, lo mejor es callar.

No hubiera traído a cuento este chisme farandulero, de no ser porque este jueves una de las asistentes a una conferencia que dicté ante el Grupo de Industriales de Aguascalientes, me hizo una pregunta que por poco me hacía desmontar los primeros 30 minutos de mi perorata. Las cosas se dieron más o menos así.

Después de haber descrito qué es y cómo detectar la ambición moral en el contexto laboral, dediqué unos minutos a describir los rasgos de una persona que podríamos definirla como moralmente ambiciosa: posee el idealismo de un activista, la avidez del creador de un startup, la mente analítica de un científico y la humildad de un monje. Terminada la caracterización, cada quien dibujó en su cabeza a una persona con dichos rasgos, pero, bruto de mí, tuve la feliz ocurrencia de poner una fotografía de Bill Gates para mostrar un ejemplo concreto de cómo la ambición moral puede contribuir a resolver problemas complejos y urgentes como lo es la malaria, enfermedad que azota con furia varios países en el mundo.

Pocos pondrían en tela de duda que Bill Gates tiene los rasgos de un ambicioso moral, sin embargo, esas mismas personas tampoco dudarían que Gates es un impresentable calenturiento que asistía gustoso a los aquelarres organizados por Jeffrey Epstein.

Con todo, el ejemplo no anula el planteamiento, ni la valía social de la ambición moral, pero sí las contribuciones humanitarias de Gates al tercer mundo, porque resulta difícil creer que alguien que gusta de abusar de niñas cuasi adolescentes, está realmente interesado en apoyar a las personas vulnerables que sufren a causa de la mala fortuna de cuna. Imposible alabar y aplaudir sus causas humanitarias dirigiendo la mirada hacia otro lado para hacer que no vemos sus rufianadas.

Así como La Motomami reconoció su falla, yo reconozco la mía. En mi próxima charla sobre la ambición moral, comentaré de David Noel Ramírez Padilla, un admirable y entrañable ser humano de quien hablaré en otro momento.


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Pablo Ayala Enríquez
  • Pablo Ayala Enríquez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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