Frase más horrible, misógina, decadente...y real.
Porque a lo largo de los años, las mujeres siempre han estado detrás del hombre, lavando y planchando la ropa que ellos se llevaban a las conferencias de prensa, criando a los hijos en común para que las crías pudieran salir en televisión sosteniendo los trofeos de su padre, pulcros y bien vestidos y felices.
Aunque no hubiera plata para ropa nueva, la mujer se pasaba la noche remendando y zurciendo, para que no se notara.
Y el varón se viera bien. Pleno, limpio y exitoso, aunque el mérito no fuera suyo del todo, aunque hubiera una mujer detrás del gran hombre, casi borrada por completo.
Históricamente, las mujeres hemos sostenido a un sistema que nos pisotea y despoja de la dignidad más básica; y no, no por voluntad propia, aunque nuestras abuelas nos dirán que fue por gusto, por división del trabajo, o porque así eran esos tiempos. No había de otra.
Un sistema en donde se permitió por años asegurar que la mujer no tenía alma, y luego, se daba por hecho que no éramos lo bastante listas (aún con alma reconocida socialmente en el cuerpo) para tomar decisiones civiles como votar.
Un sistema donde actualmente no se nos concede la libertad de elegir gestar o no, donde tenemos que exigir violentamente que no nos maten, casi avanzando sobre la sangre de nuestras diez muertas (nacionales) diarias.
En este sistema, parece que las mujeres las tenemos todas de perder porque nos vemos obligadas a sostenerlo, porque de otra forma no podríamos sostener a nuestros hijos, quienes crecen y pasan a alimentar ese mismo sistema una y otra vez, como un círculo eterno de perfección maquiavélica en donde la mujer nunca podrá emanciparse del todo.
De esta forma se normaliza que las mujeres sean nombradas en funerales como la esposa y madre abnegada, y ningún otro mérito más, como si no hubieran sido ellas y su fuerza laboral doméstica la base fundamental de la economía familiar.
Sin mujeres no hay economía.
¿Lo digo otra vez?
Sin mujeres no hay economía.
A ver si pronto pasamos a entender que el hombre llega profesionalmente a donde llega porque siempre hay una mujer detrás de él.
A ver si logramos darle un golpe al sistema educando futuras generaciones que no coloquen a la mujer detrás, sino a un lado de.
En el mismo nivel en el cual podrán acceder a espacios individuales, a la soledad, a oportunidades laborales decentes y justas, al reconocimiento de la Crianza como un trabajo y un generador de economía.
Esta semana vi varias historias de mujeres esposas de futbolistas, científicos, políticos, empresarios que querían ser escritoras o eran modelos o maestras, pero al casarse y tener hijos perdieron toda identidad.
Por si fuera poco, tristes historias, en las que todavía después de un matrimonio en el cual fructificó el trabajo y el esfuerzo de ella para que el hombre trabajara tranquilo y sin responsabilidades (más allá del simple crecimiento profesional); aún después de semejante e inmenso aporte a la familia, la comunidad y en algunos casos la historia mundial, se quedaron sin nada, después de un terrible divorcio en que el hombre aseguraba que nada de la riqueza generada le pertenecía a la mujer.
Nada.
Después de criar. Después de lavar, limpiar, cocinar tres veces al día durante años para que el varón llegara a descansar a casa mientras la mujer no paraba ni un solo momento.
No puedo imaginar la sensación de desamparo y decepción. La violencia es tan sistemática que no nos damos cuenta que la ejercen.
El decirnos que ese trabajo de cuidado no vale nada cuando es lo que sostiene a la familia, a las naciones y al mismo sistema capitalista.
Es hora que dejemos de llamar "micro" a los machismos que invisibilizan el trabajo de cuidado. Sobre estos machismos se erige un imperio, un sistema mundial entero.
Estos machismos son enormes, es la muerte sistemática de la identidad individual de las mujeres y las mujeres anuladas no figuran en la historia.