A podo, profesión, fama y conducta no corren por cuerdas separadas. El día de hoy ante los tribunales de San Luis Potosí se llevará a cabo la audiencia inicial por el delito de violencia que se le imputa a José Antonio Rodríguez. Es su pareja quien le acusa de haberla golpeado y las instancias a carga de los peritajes dieron fe de la gravedad de las heridas que presentaba.
Este caso es un ejemplo casi de libro de cómo la violencia se encuentra íntimamente vinculada al patriarcado en una alianza que resulta indisoluble. Vayamos primero sobre lo evidente. Se trata de un individuo de estatura francamente superior al promedio y complexión robusta. La desigualdad física frente a su víctima juega en su favor.
Segundo, la violencia forma parte no sólo de su cotidianeidad, sino que es un ingrediente propio de su profesión. El individuo es un luchador profesional conocido como Alberto del Río o El Patrón . A su fortaleza natural hay que agregar el agravante de su destreza técnica. Importante poner también la lupa en el hecho de que agredir y someter son parte de su imagen pública; de allí su apodo, apelando a características socialmente vinculadas a la hombría como el liderazgo y la capacidad de mando sobre los demás.
Otra evidencia de lo sistemático de la conducta del agresor es que ésta es la tercera vez que mujeres señalan haber sido violentadas básicamente por él. Ya en 2020 fue detenido en San Antonio por este tema, asimismo, su ex pareja realizó el mismo tipo de acusación, aunque posteriormente retiró la denuncia (como ocurre con mucha frecuencia en casos como éste, en los que existen riesgos de que tome represalias).
Pero lo más grave es que perfiles como el suyo alcanzan la fama no sólo en el ámbito de las luchas, sino que por esa vía formen parte de reality shows con alta audiencia. Hay que entenderlo, llegan hasta allí no a pesar de su trayectoria, sino gracias a ella, porque entre el público existe también una lógica patriarcal que aplaude estas conductas.
Nada en este caso está desvinculado. Es el retrato vivo de un sistema bien enraizado en nuestro país que se basa en la asimetría de poder entre mujeres y hombres. Es el retrato de nuestra sociedad.