Es importante que las juventudes lleguen al nivel preparatoria, se mantengan allí y lo terminen con éxito. Pero eso depende, al menos, de tres factores.
El primero de ellos es su sentido de pertenencia. Una vez llegados a la preparatoria, el aparato escolar compite con muchos otros potenciales sistemas de lealtades como pueden ser amistades externas al plantel, pandillas, colegas en empleos a tiempo parcial y redes del narco. Lograr que la Institución en la que se estudia sea generadora de identidad e incluso de orgullo, es una partida que se tiene que ganar diariamente.
Un segundo elemento tiene que ver con el arribo y la permanencia. Veinte por ciento de las juventudes en edad de bachillerato no se inscriben en él. Y una vez que llegan, cerca de medio millón lo abandonan. La causa más frecuente de partida tiene que ver con razones académicas (porque causaron baja por reprobación o por faltas disciplinarias). Pero el género juega un rol fundamental. El tema académico pesa mucho más en los hombres. En cambio, quienes se dan de baja por matrimonio o embarazo son prácticamente siempre mujeres. De allí que se requieran esfuerzos sí, para abrir más espacios de prepa, pero también para lograr que quienes llegan no se vayan, y eso hay que trabajarlo de forma diferenciada por sexo. Asimismo, hay que desactivar la “competencia” de otras actividades (subempleo, pandillas, narco) para lo cual la herramienta de beca financiera es importante, aunque no suficiente.
El tercer elemento tiene que ver con dotar de pertinencia la realización del bachillerato. Sus contenidos requieren habilitar la movilidad social. Y, sobre todo, deben preparar juventudes críticas hacia el estado de cosas; propositivas para plantear soluciones a las problemáticas que viven y solidarias para entender el éxito propio a través de la mejora de la comunidad en su conjunto.
Creo firmemente que la clave para lograrlo es la inversión en el profesorado. Son ellas y ellos quienes tienen el poder de incidir en cada uno de estos factores: impulsar el éxito académico, animar el sentido de pertenencia, desincentivar el abandono y orientar la vocación y el compromiso.