Cultura

Desacralizar la maternidad

La maternidad y sus abismos. Cuando escribí sobre La hija única (2020) de Guadalupe Nettel, decía que no existe una sola manera de describir a la maternidad, sino diversas formas. Y bajo esa idea, ya se rompe con una óptica tradicionalista del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Esta primera novela de Elisa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986), como la de Nettel, remite a un caleidoscopio que muestra varios ángulos desde una mirada intimista: los cristales de cierto color coinciden a veces y otras no, mas siempre se tejen vínculos que no necesariamente concuerdan con los lazos de sangre. Son tres historias sobre la maternidad en las se respira angustia, dolor, desasosiego y se comparten aprendizajes.

Malacría. Elisa Díaz Castelo. Sexto piso. México, 2025.
Malacría. Elisa Díaz Castelo. Sexto piso. México, 2025.


Como lectores se tiene la idea de que somos intrusos en la intimidad de féminas, tres generaciones, quienes no se encuentran en el mejor momento de sus vidas y que, en el tiempo que ellas lo decidan, deberán adquirir fuerza para dejar atrás la oscuridad y acaso reinventarse si la vida se los permite, asunto que también se plantea en La hija única.

Esto no es lo único que hermana a ambas historias, sino además el asunto de la enfermedad. Si bien la historia de Nettel se centra en la discapacidad infantil en una recién nacida; por su parte, Díaz Castelo abarca la epilepsia (la abuela Cecilia y demencia senil); la bipolaridad (la madre Perla); y la ansiedad y depresión (la hija Ele). Esos padecimientos brindan una riqueza estructural a la narrativa, porque le dan fuerza a los personajes que deambulan en ese matriarcado de silencios, reclamos, olvidos y egoísmos.

La autora es consciente de que sus mujeres están condenadas a repetir la historia del clan, porque están cubiertas de ese manto, quizá invisible para algunos, la incapacidad de amar. En una suerte de novela detectivesca, no convencional, se proyecta la búsqueda de la madre, quien lleva casi 48 horas desaparecida. La novia de la madre, Jeni, hace equipo con Ele para buscar a su pareja. No obstante, Jeni no sabe de los episodios de bipolaridad que marcan la vida de Perla. Es algo que ella ha querido ocultar, y sólo la hija conoce esos antecedentes de su madre y su refrenable voluntad de actuar por impulso, como cuando decide adoptar a una serie de canes enfermos, viejos, porque ya es difícil que una familia los acoja en esas circunstancias.

Es una novela para los amantes de los perros, sin duda. Aunque también hay que tener una coraza para poder soportar una serie de situaciones de riesgo y hasta de maltrato que padecen estos peludos, fieles a Perla y a Jeni.

Regresando al tema del feminismo, como sucede en Apegos feroces de Vivian Gornick, por más cerca que estén las mujeres una de la otra, jamás llegarán a conocerse realmente. Gornick vino a mostrarnos que los relatos de esta naturaleza podían ser ágiles, cargados de perspicacia, desarrollo psicológico y lucidez. A veces hay más empatía entre Cecilia y Perla que con Ele. Por eso ella aprovecha una serie de recuadros para hablar en primera persona y rescatar a esa niña olvidada. Ele es la pequeña que fue abandonada afectivamente y, al parecer, está condenada a repetir esa acción contra ella hasta que conozca por qué lo hace. Ella es quien narra la historia, y poco a poco va revelando cuáles son las consecuencias de haber vivido ahí: tendencia al robo durante su adolescencia, a lastimarse provocándose cortes, es ansiosa; su mente, en ocasiones, deviene en un caos porque le enseñaron a vivir de esa manera.

“Querer conversar con su madre siempre había sido un acto de calculada fe, como lanzar la sonda espacial Voyager al espacio. Al igual que las voces en la sonda espacial: Ele se repetía. Una y otra vez su voz en el espacio diciendo: ésta soy yo. Escúchame. Pero Ele sabía que en el espacio exterior no hay partículas suficientes. Que allá afuera el sonido no existe…”, escribe Díaz Castelo.

La lengua materna es el castellano, pero también el alemán. La abuela intenta aprender a hablarlo y pone discos para familiarizarse. Aquí la autora ofrece una clase de lingüística sobre el sentido del idioma, y la necesidad de exorcizar fantasmas. Esas presencias son los hombres, los borrados, ausentes, los que decidieron irse o, acaso, nunca se quedaron. Pese a las circunstancias, el clan sobrevive a la adversidad, la pobreza y la falta de oportunidades.

Los padecimientos de ellas, en su mayoría, podría decirse que son una respuesta a la fragilidad de sus emociones. A diferencia de su abuela y madre, Ele intenta paliar esos momentos de ansiedad, hace listas y listas como si al nombrar acciones se abriera en automático un estado de calma, eliminando cualquier apego. A veces Ele tiene comportamientos como una persona borderline, llevando al límite su manera de sobrepensar los hechos.

En Una cuestión personal de Kenzaburo Oé, se relata la historia de Bird, un hombre que lucha por aceptar en su vida y en su familia a un niño con discapacidad. Con los años, Oé reveló que es la historia personal que vivió con su hijo, Hikari, cuyo nacimiento fue un parteaguas tanto en su vida como en su escritura. Luego el escritor japonés acertó en la manera de vincular ese hecho con la presencia de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki; es decir, partió de un caso vivencial para luego relacionarlo con algo social y así poder vincular a más personas. Este procedimiento también coincide con lo abordado por Guadalupe Nettel: después de que elige enfocarse en rostros heterogéneos de la maternidad, pasa a hablar de la violencia de género. Y, en esa perspectiva, Díaz Castelo sigue la línea trazada por Nettel. Sin embargo, su escritura es más cercana a Annie Ernaux que a Oé, por el deterioro emocional y los instantes de crudeza que explora.

Cabe señalar que la narrativa lograría fuerza se aplicara más rigor en las descripciones insustanciales, en ese viaje con Jeni, los vericuetos caninos y adicciones. Se extraña una casi ausencia de frases subrayables, de momentos clave que enlace con figuras retóricas al texto. Clarice Lispector es una autora que pone en el diván a sus personajes y una vez que ha ejecutado el desarrollo psicológico, dota a sus protagonistas de matices esenciales. Aunque claro, no hay que perder de vista que es la primera incursión de la autora en la novela, y que el acierto es desacralizar a la maternidad; es decir, mirarla de una forma más realista y cercana a una sociedad fracturada, dañada, por la violencia hacia a las mujeres; y poner a la vista una serie de padecimientos neurológicos que cada vez son más frecuentes en nuestros días.


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Mary Carmen Ambriz
  • Mary Carmen Ambriz
  • mcambriz@hotmail.com
  • Ensayista, crítica literaria y docente. Fue editora de la sección Cultura en la revista Cambio.
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