Cultura

“La vida, este invento que se cae a pedazos”

La poesía de Roberto Arellano Salazar (Cuernavaca, Morelos, 1988) muestra un proceso de crecimiento, un antes y después de la tormenta, en donde se escudriña el tiempo, la infancia y el desasosiego. Como sucede en un naufragio, tras el caos y los instantes de incertidumbre, deviene la calma. Aunque pudo haber optado por alinear sus versos a un estado de permanente reproche, elige emerger del oleaje turbio y sale avante en un desarrollo evolutivo. ¿Es posible dejar atrás el desamparo?

Raíces del vacío. Roberto Arellano Salazar. Vocatio editores. México, 2026.
'Raíces del vacío'. Roberto Arellano Salazar. Vocatio editores. México, 2026.


“Amar desde el caos es arte inútil, / lienzo que se quiebra, / que se ensucia antes de pintarse. / Los que quisieron amarme/ huyeron de mi incendio. Les empujé, les envolví en silencios/ que eran gritos disfrazados”, escribe el poeta.

Arellano Salazar ha externado su admiración por la poesía de Alejandra Pizarnik. Aquí se hace visible la huella de su lectura atenta, meticulosa, insaciable y crítica que asimila del poema breve, intenso. Pizarnik es la que corta el aire con un cuchillo y nos vuelve cómplices. “El silencio devora las palabras”, dice un verso de Elsa Cross. La escritura de Pizarnik en el poemario Raíces del vacío resulta ser una herencia constante que asciende al resguardo de la cotidianeidad, el miedo y la muerte, misma que encuentra resonancias en el vacío.

“Me ofrecí al jardín cuando aún no sabía mi nombre. / Había algo roto en el tallo, / algo que dolía en los bordes de la fruta, / pero nadie preguntó por qué maduré tan pronto. / El cuerpo aprendió a buscar sin preguntar, / a oler el peligro como se huele una flor cerrada, / a entrar en la noche como si fuera su casa, / como si en cada borde pudiera encontrarse a sí mismo. Pasaban por mí como pasan los pájaros por un campo arrasado:/ con hambre, / con prisa, / sin culpa”, escribe el poeta.

Piedad Bonet es otra escritora que frecuenta esa especie de renacimiento, después de las cenizas. Derelicto es un término empleado en lo náutico y lo legal que define una cosa o bien abandonado, de manera consciente. En el ámbito marino se refiere a buques, restos de embarcaciones o mercancías flotando a la deriva. Tanto Pizarnik como Bonet han recurrido a derelictos siendo asideros de la palabra. Y, en ese sentido, Arellano Salazar se suma a esa capacidad de reacción.

La visión de María Zambrano en Claros del bosque surge de forma pertinente, cercana a una poética de esta transformación: “Al modo de la semilla se esconde la palabra. Como una raíz cuando germina que, todo lo más, alza la tierra levemente, mas revelándola como corteza. La raíz escondida, y aun la semilla perdida, hacen sentir lo que las cubre como una corteza que ha de ser atravesada. Y hay así en estos campos una pulsación de vida, una onda que avisa y una cierta amenaza de que algo, o alguien está por venir”.

Sin embargo, en la reflexión que ofrece el poeta, la raíz no permanece escondida, sino expuesta. Si se quedara oculta, nadie podría saber qué sucedió en ese desbordamiento de la conciencia, de los sentidos. Es necesario exteriorizarla para que se lleve a cabo la metamorfosis, para que el poeta de forma contundente y sin titubeos exprese: “[…] con mis cicatrices abiertas. / Ahora soy tierra que florece con la lluvia lenta. / No todas las manos me despiertan, / pero ya no me duermo para no sentir. / Ya no me entrego. / Ahora, yo soy mi propia casa.”

Esa cicatriz marca la pauta de lo que viene, es detonadora de luz. Acaso porque la búsqueda de la verdad, a veces resbaladiza, supondrá remover la historia personal, hurgar en antiguas heridas y padecer el vértigo que produce el sigilo de la existencia. Al increpar: “Yo soy mi propia casa”, se asume como único responsable de su propia existencia, libre de abandonos y reproches.

Desde la poesía, el ensayo, o el cruce de géneros que le interesaba explorar, un tema recurrente en la obra de Esther Seligson es la cicatriz, asunto que define como: “Concierto de voces insepultas en el insomnio de la memoria”; y añade: “Uno creería que toda cicatriz implica una herida previa. No siempre es así: hay cicatrices genéticas. Algunas otras se heredan con la nacionalidad”. Seligson tuvo la habilidad de exponer de forma clara, directa y con una amplia gama de recursos literarios esas huellas que, a fin de cuentas, se vuelven parte de nuestra historia.

Roberto Arellano es un autor que también practica el relato y el ensayo. Su trabajo se debe a la constancia. Actualmente es uno de los alumnos destacados de la Escuela de Escritores “Ricardo Garibay”, que dirige Roberto Abad en Cuernavaca, Morelos. Raíces del vacío es su opera prima.

“Todo esto ha sido una danza de cuchillos. / Una canción sin partitura. /Un cuerpo ardiendo en medio del día/ mientras el mundo bosteza y cambia de canal. / La vida. / Este invento que se cae a pedazos/ que seguimos decorando.”


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Mary Carmen Ambriz
  • Mary Carmen Ambriz
  • mcambriz@hotmail.com
  • Ensayista, crítica literaria y docente. Fue editora de la sección Cultura en la revista Cambio.
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