Cultura

Triada luminosa

En una colaboración anterior mencioné que el número tres era parte de una presencia constante en Luis González y González, por su particular manera de abordar la microhistoria (Jean Meyer dixit) nostálgica, psicoanalítica y pragmática; además tuvo tres padrinos que defendieron su proyecto en El Colegio de México: José Gaos, Daniel Cosío Villegas y Antonio Alatorre; y que escribió tres títulos emblemáticos para el estudio de la historia: Pueblo en vilo (1968), Invitación a la microhistoria (1973) y El oficio de historiador (1984). Ahora el escritor michoacano forma parte de una terna excepcional encabezada por Sor Juana Inés de la Cruz, seguida de Juan Rulfo; bajo la mirada crítica y aglutinante de J. M. Le Clézio, ganador del premio Nobel de Literatura en 2008.

Tres entradas a México. J. M Le Clézio. Traducción de Adolfo Castañón. Gobierno de Michoacán, Bonilla Artigas Editores. México, 2025.
Tres entradas a México. J. M Le Clézio. Traducción de Adolfo Castañón. Gobierno de Michoacán, Bonilla Artigas Editores. México, 2025.


El escritor francés tuvo una vida errante de 1970 a 1992, en ese recorrido incluyó una época en la que residió en México. Como atento lector quiso conocer la cultura mexicana desde sus entrañas, acercándose a los escritores más representativos, quienes han logrado concertar aportaciones entre el pasado y el presente. Es probable que su selección no haya sido fácil, pues tuvo que leer varios títulos y, específicamente, hallar esos nombres que forman parte de esta triada luminosa.

Le Clézio recuerda que con frecuencia se ubica a México con tres pisos: el subsuelo prehispánico (o raíces, mejor dicho), la etapa colonial y la independencia (pasando por la Revolución mexicana hasta la modernidad). Desde esa perspectiva histórica decide rastrear contribuciones que logren establecer una suerte de convivencia armónica identitarias.

En primer lugar, elige a Sor Juana porque encuentra que la obra de ella se remite a responder qué es la pasión para la monja encerrada en un convento, pero a la vez se siente liberada de tener que contraer matrimonio y dedicarse a las labores domésticas en perpetuo estado de sumisión. Ella es una poeta filosófica, romántica, lúcida y, sin duda, rebelde. Ese carácter indómito que Octavio Paz resalta en Las trampas de la fe, al considerar que encarna la libertad mejor que nadie. Esto lo exalta el ensayista, y añade: “Juana es profundamente original. Todo es contrario a su tiempo. Su juventud, su instinto, su emoción, su fantasía, su valor. De entrada, rechaza la condición que la sociedad colonial da a las mujeres. No anuncia la rebelión, pero afirma su pasión, convencida como está de que nació para desempeñar un papel en la sociedad masculina, no para encontrar un lugar en el sistema. [...] No quiere ser un elemento de adorno, ni un valedor, ni un encanto oculto y subversivo, se niega a seducir. [...] Más bien, se da a la insurgencia de la feminidad en un mundo dominado por los hombres, y donde la mujer es tradicionalmente reposo del guerrero, su estrella inaccesible”.

También destaca en la religiosa de Nepantla, su incorporación de elementos y vocablos del náhuatl al castellano, como alguien que se niega a que la cultura prehispánica desaparezca. El segundo piso queda sustentado en la vida y obra de Juan Rulfo, de quien acentúa su herencia enraizada tanto en el movimiento revolucionario como en la Guerra de los cristeros. Para él, el universo rulfiano nace de la tragedia y de la forma en que a la gente del pueblo lo toca vivir ese desasosiego. Se enfoca en la participación de las mujeres, como figuras esenciales al apoyar a los varones en los combates. Refiere: “A veces son víctimas de bribones como Anacleto Morones, aunque su fe las liga a la tierra infértil hasta el heroísmo. En ese mundo violento, son ellas las que resisten a los secretos de las familias, al triunfo cruel de los hombres, a los celos, al incesto, a la deshonra”. Enfatiza que el narrador jalisciense “inventa un lenguaje que no le pertenece a él solo, como lo hacen Jean Giono, Louis-Ferdinand Celine o William Faulkner, para contar su experiencia del racismo y de la guerra.”

La trilogía intelectual se cierra con Luis González y González, quien para continuar con las tercias, asimila de Alfonso Reyes una estrategia valiosa: “dato comprobado, interpretación comprensiva y buena forma artística”. Le Clézio descubre cómo la microhistoria “nace del encuentro de una tierra y de un hombre, o más bien de un terruño y de una familia”. Aquí aparecen otros tres elementos que se “cruzan entreverados en las milpas de los campesinos”: el maíz, el frijol y la calabaza. La matria de Luis González es San José de Gracia, lugar de inspiración para que la prosa obtenga ritmo y permanezca impecable. Como apunta el ensayista, el historiador va en busca de la verdad y de la descripción cuidada, aderezada de una perfección literaria.

Adolfo Castañón rescata estos ensayos, elaborados con una acuciosa mirada, que convergen en la mexicanidad.


Google news logo
Síguenos en
Mary Carmen Ambriz
  • Mary Carmen Ambriz
  • mcambriz@hotmail.com
  • Ensayista, crítica literaria y docente. Fue editora de la sección Cultura en la revista Cambio.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.