Política

Sentido de urgencia

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Un gobierno jamás debe suponer que ha resuelto los conflictos de un Estado. Hacerlo es olvidar que no solo gobierna su proyecto, sino lo que le representa incomodidad. La consciencia de la fragilidad en las sociedades se encuentra al reconocer la tendencia a hacernos daño. Para evitar nuestra autodestrucción intentamos procesos civilizatorios que busquen reducirlo, cuando fallan o no alcanzan aparece el sentido de urgencia.

Los contenedores de la violencia son tan frágiles y elásticos como la indiferencia del espectador de la violencia. Incluso del que presencia sin ver. Sin la conquista absoluta de ninguna lucha por la igualdad y el reconocimiento de derechos, una paciencia excesiva fue impuesta bajo pretexto del tiempo que toma modificar cualquier estructura social. Convendría reconocer que una sociedad como la mexicana también está fundada en los pilares de la desigualdad de género. Si ya lo hubiéramos entendido, nadie se atrevería a discutir que toda violencia pública comienza con violencia privada. Aquí, donde ser macho llega a ser sujeto de orgullo, ciertos avances dieron la impresión de acercarnos al equilibrio de la civilidad; al mismo tiempo, fueron usados por espectadores múltiples con tal de voltear la mirada que debió ver la tragedia: violación, violación marital, violencia doméstica, ataques con ácido, violencia reproductiva y coerción, acoso, tráfico, trata, prostitución forzada, pederastia, violencia obstétrica, brecha salarial, violencia digital, restricción de libertades y derechos, restricción de tratamiento médico, feminicidio. ¿Qué tipo de civilización es la que no ve su bestialidad?

Descubrimos agotado el tiempo que creímos tomaría romper los vicios de nuestras estructuras. La muerte dio aviso de que el reloj ya no tenía más horas. El tiempo se ha agotado y cada día que pasa significa diez nuevos ataúdes con mujeres dentro. Sin tiempo, nos enfrentamos al sentido de urgencia mientras sorprende la falta de ese sentido, tanto en gigantescos sectores de la sociedad como en el titular del Ejecutivo mexicano.

Frente a la desigualdad de género y la violencia, incapaz de asumir el papel pedagógico del Estado, el Presidente tomó el papel de un comunicador desinteresado. Convencido de los frutos de la resistencia, no identifica la necesidad de reacción. Ignora que, ante la brutalidad de la violencia contra mujeres, más resistencia equivale a más víctimas. Su interés alcanzó a priorizar el oportunismo de algunos opositores políticos, como él, negados a entender que las dimensiones de la tragedia están por encima de pertenencias y filias. La mezquindad y el machismo tienen rostros zurdos, diestros, ambidiestros y mancos.

Para mal, un jefe de Estado puede actuar como devoto de su propio dogma, como un cúmulo de prejuicios. El Presidente se ha exhibido en estas semanas como un conjunto de ellos, en uno de los pocos campos que no admiten ninguno. O puede hacer un esfuerzo por entender que la realidad de violencia contra las mujeres en México y las protestas afuera de Palacio Nacional lo obligan a lo que se negó burlonamente: cambiar su manera de pensar.

La lucha entre esperanza y desesperanza se sitúa en nuestro rechazo a la barbarie. 


@_Maruan


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Maruan Soto Antaki
  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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