El objeto central es el material atómico. Siempre lo ha sido. Por torpeza, por mala política, por despreciar salidas que se tuvieron. La palanca de presión es Ormuz, para Teherán y para Washington. El margen de maniobra y ventaja de ambos ha peleado por convertirse en el sujeto mayor, pero sigue siendo un instrumento.
Líbano, con todo y su nueva destrucción y horroroso trato de desecho que Israel le ha impuesto, es la tercera línea que afuera de pronunciamientos no alcanza para condicionar las posturas iraníes.
Al final no se arriesgaron por Bashar ni empeñaron tras Nasrallah. Su defensa no es Líbano sino Hezbolá, aunque miopías latinoamericanas que voltean a Medio Oriente se resistan a entenderlo.
Son ya dos guerras alrededor del uranio, junto a acuerdos, negociaciones que se pronuncian fallidas y continúan discretas, como debe ser. Quizá lo más absurdo de estos días fue la insistencia por visibilizar cada paso de la ronda pasada en Islamabad. Salvo el sábado. Prácticamente no hubo filtraciones, que casi por norma tienen la intención de ejercer peso negativo en la discusión de salas cerradas.
El gran fracaso habría sido tener los mismos anuncios antes del primer receso.
Los días posteriores a Islamabad hicieron memoria cubana. No pocos han recordado. Kennedy usó en 1962 el término Cuarentena para evitar llamar bloqueo, un acto de guerra, a la operación que impedía las entregas soviéticas a la isla.
El primer Islamabad y la posibilidad de una siguiente ronda construyen espacio político. Son un proceso. Por eso, esta semana, por lo menos un barco iraní dio media vuelta. Y los emiratíes viajaron China, y tuvieron una llamada con Ghalibaf.
El espacio político tiene quienes buscan eliminarlo. En Irán, Beirut, Tel Aviv y Washington. Y si algún momento este capítulo se acerca al modelo egipcio, repetido en la región como un escenario. Si en algún momento se acepta firmar un tipo de tranquilidad, como en 1979, se necesitaría el trago amargo de dejarle a la República Islámica alguna sensación de victoria. Incluso si aceptan entregar su uranio. Y se necesitaría un Carter, un Begin y un Sadat.
En esta realidad, la de cuarentena, a quien podemos observar es a Beijing y Abu Dhabi.