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Viernes , 22.02.2019 / 13:32 Hoy

Apuntes incómodos

La suma de nuestros defectos

Maruan Soto Antaki

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Apenas una semana es suficiente para pensar una tragedia con cierta claridad, y hay tragedias que reflejan tanto. Qué lugar es éste, en el que la muerte de más de un centenar de personas, bajo las llamas, contiene todo lo que no debería ocurrir en un país decente. La explosión en Tlalhuelilpan solo dio para entregarle nuestra atención unos cuantos días. En Hidalgo, hoy se suman los muertos sin que eso implique más que una cifra.

Salvo una que otra excepción, hemos hecho lo mismo con cada desgracia de nuestra historia reciente. No son solo los gobiernos, los medios o las oposiciones. Nuestra relación con los eventos trágicos tiende a reducirse a los instantes de la fatalidad.

Es poco frecuente que al ocurrir una desgraciase le dedique tiempo a pensar cómo será vista en el futuro. La secuencia de los hechos, si acaso, obedece al recuento que se intentó hacer en las horas o fechas cercanas. De contar con un esbozo de lógica que satisfaga la percepción de la verdad más que a la verdad, es probable que el relato sobreviva para quedarse ahí, sin más. Lo que a menudo resulta indiferente es aquello que exhibe la tragedia; a veces, algo de cuidado se le llega a dar a las causas intentado esquivar incomodidades, pero con un reduccionismo equivalente se eluden los vacíos que permanecen en las consecuencias.

La insistencia en encontrar una sola explicación a Tlalhuelilpan, así como la conformidad con ella, impide aceptar que, si bien la pobreza no debe ser miseria para tomarse en cuenta, es de una irresponsabilidad presidencial adjudicarle una culpa que exime responsabilidades. ¿Cuánto daño ha hecho a México la necesidad de excluir condiciones aparentemente paradójicas? Unas fuerzas del orden rebasadas no equivalen a unas fuerzas del orden inoperantes. Si la ilegalidad y la corrupción son en ocasiones las vías a las que se recurre para reducir la brecha de inequidad, el problema a resolver junto a la pobreza es la disfuncionalidad en el conjunto del estado de derecho.

Tlalhuelilpan es el retrato perfecto de las equivocaciones que podrían llegar de seguir por donde vamos. Gracias a la frecuencia en nuestros desastres, contamos con esquemas de emergencia que no se utilizaron plenamente al confiar la totalidad de la capacidad de reacción a estructuras militares.

Las culpas en una catástrofe de semejantes magnitudes son tan diversas como implantadas en el sistema mexicano al que, por definición, pertenece tanto el gobierno actual como sus gobernados. Con carga miserable, no es gratuito que en un país que se decanta por esquemas punitivos con la idea de reducir la criminalidad, y en el que encuentran cobijo expresiones de barbarie como el apoyo a la pena de muerte, se replicaran voces celebrando la suerte de quienes murieron o siguen en hospitales.

En cambio, las responsabilidades tienen características definidas en el presente y de su esclarecimiento depende cualquier mirada futura. La adjudicación de responsabilidades forma parte de la búsqueda de la verdad en aras de garantizar que la tragedia no se repita. Sin una no existe la otra. La verdad siempre deberá ver por las víctimas y en este país son demasiadas. Importa más la arenga política que hablar de ellas.


@_Maruan





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