“Si quieres que algo se demore eternamente, crea una comisión”, es parte de la frase célebre atribuida a Napoleón Bonaparte que refleja lo que se está viviendo en la Cámara de Diputados con la tan manoseada reforma para la jornada laboral de 40 horas semanales.
Para nadie es un secreto que se trata de una estrategia electoral de Morena, y que le conviene que no se resuelva en este periodo ordinario de sesiones, sino llevarla lo más cerca posible a las elecciones. Para abril o para mayo, de ser posible, para ondear la bandera a satisfacción y llevar más corriente al molino y reclamar al respetable más diputados para la 4T.
Resulta curioso que, aunque se tiene consenso mayoritario –los votos necesarios, pues– para finalizar el proceso legislativo, lo que falta es voluntad. De tal manera que la Junta de Coordinación Política se saca de la manga no una comisión, pero sí un Parlamento Abierto para abordar el tema, y convenientemente, aplazarlo.
Ciertamente sindicatos, empleadores, especialistas en derecho laboral y ciudadanos en general tienen mucho que decir y no poco que aportar. Pero si atendemos a la verdad, ¿cuántas otras reformas de gran calado, sobre todo donde converge el interés presidencial o de ciertos inconfesables poderes fácticos, han reparado en detonar mecanismos de participación ciudadana?
Mientras las estrategias y cálculos electorales se suceden en el ámbito federal, en estos días en Guanajuato se celebra una edición más de la Hannover Messe, la reunión más importante en el ámbito industrial, que cada vez más se va consolidando y los beneficios para la región se muestran más que evidentes.
Con el creciente fenómeno del nearshoring, se antojan dos retos fundamentales. Primero, mantener la competitividad para atraer más inversión, así como el desafío original: pasar de la manufactura a la “mentefactura” en un contexto donde en los procesos productivos va irrumpiendo la inteligencia artificial. No apartemos el enfoque de lo que es realmente trascendente, por favor.