El cambio constitucional que solicita la 4T para que la CFE se constituya nuevamente como un monopolio, es producto de la ideología de izquierda radical que tiene Manuel Bartlett, pues todo indica que él es el padre de dicha iniciativa; si se llega a autorizar dicho cambio --habrá un antes y un después de esta reforma-- para explicar el futuro de la economía mexicana.
El daño que le haría al país sería peor que la decisión de haber cancelado el Aeropuerto de Texcoco, los perjuicios que podría generar son enormes y sería retroceder, en términos de desarrollo, como 40 años. Por supuesto, todo eso tiene sin cuidado a Bartlett, las consecuencias para el país ni siquiera las considera; lo que es increíble es que haya sido capaz de convencer al presidente para que éste impulsara el cambio constitucional. La reforma que se propone no es conveniente por muchas razones: En primer lugar, de aprobarse, será autorizar un monopolio para la CFE y todos sabemos por experiencia que los monopolios producen distorsiones; además, al no tener competencia, las compañías monopólicas pierden competitividad, reducen la productividad y se vuelven ineficientes.
La CFE con su estructura actual pierde dinero, porque a pesar de tener el monopolio de la distribución --en donde debería de ganar mucho dinero-- es un generador de energía cara y sucia, las evidencias no mienten; hoy es una empresa perdedora, y si le dan el monopolio completo será peor porque los gobiernos son pésimos administradores. Produce energía cara porque no ha invertido en las nuevas tecnologías, sus plantas son muy atrasadas y muchas son alimentadas por carbón o combustóleo; son plantas antiguas mal mantenidas, y en muchos casos obsoletas. El cambio constitucional no es conveniente porque la electricidad es fundamental para el desarrollo del país, se requiere de muchísima inversión para poder garantizar que esta crezca al ritmo de la economía, y si eso no sucede, será un freno para el desarrollo.
La pregunta es por qué el Gobierno actual no quiere que la iniciativa privada invierta en este campo tan fundamental y actúe como un complemento de la inversión pública que se seguirá requiriendo. El argumento que he escuchado últimamente y que está usando la CFE para defender el cambio propuesto, es el de: “La Luz es nuestra”, ¿qué significa eso, de qué sirve a los mexicanos que diga el gobierno que la luz es nuestra?, ¿todos los mexicanos tendremos la luz gratis, incluidas las empresas mexicanas? Y si así fuera, ¿quién va a pagar el costo de producirla y distribuirla, le sobra el dinero al gobierno para hacer esto?, o eso de que es nuestra, es solo para engañar a los más ignorantes. ¿Qué hemos ganado los mexicanos con que el petróleo sea nuestro?, hoy Pemex es uno de los principales problemas que tenemos por el tamaño de deud a que tiene, la cantidad de pérdidas que acumula, el costo tan enorme de su pasivo laboral y por haber sido y seguir siendo un botín político; la cantidad de millonarios que han salido de Pemex es muestra de lo inconveniente que ha sido ese monopolio, de nada sirvió a los mexicanos el dicho de que, disque, el petróleo es nuestro.La estatización de la industria eléctrica y energética es una muestra de lo que anhela la izquierda radical, que al final son posturas de un comunismo que fracasó y que para un país como el nuestro no resultan adecuadas. Las ideologías de extrema izquierda, igual que las de la extrema derecha, son nefastas siempre; los gobiernos deben ser pragmáticos y hacer lo que es bueno y productivo para la mayoría. Es muy triste que esta ad ministración neutralice sus buenas decisiones como tener finanzas públicas sanas, con pésimas disposiciones como cancelar Texcoco o generar de nuevo un monopolio en nuestra industria eléctrica; así no podremos avanzar, y mucho menos transformar este país en una nación desarrollada. Tenemos que dejar las ideologías baratas a un lado para ya no vivir en la mediocridad.
Manuel Somoza