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Sábado , 23.02.2019 / 13:36 Hoy

Análisis político y de coyuntura

La legitimación del servilismo

Lía Trueba

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Si algo podemos reconocerle a la izquierda es la contribución que tuvieron (en su papel de opositores) a la creación de una sociedad más crítica, reflexiva y hasta contestataria. Esta evolución ciertamente debería verse como una conquista, de la cual ya no debería retrocederse.

En el sexenio de Enrique Peña Nieto, los partidarios de la izquierda - la otrora oposición -, tenían entre sus principales activos de maniobra, el siempre señalar y exigir cuentas al gobierno, muchas veces, (debe recordarse) hasta de forma violenta. El ser irreverente te hacía “un buen ciudadano consciente de su realidad social”, “un agente de cambio”. En general, la crítica a los gobiernos se promovía como una aptitud buena, deseable y necesaria para ceñir al poder en sus límites.

Por el contrario, callar ante las irregularidades y malas decisiones del gobierno o ya ni decir -aplaudirle-, (¡Dios eso sería inaudito!), era una conducta sumamente despreciable y pecaminosa, la cual te hacía acreedor en automático de los adjetivos “chayotero”, “vendido”, “agachón”, “traidor”, por citar algunos.

¿Qué pasa ahora?, la base militante de apoyo al gobierno, se olvidó por completo de sus ideales y sus propios parámetros de lo que según su arenga, distinguía al “buen ciudadano”, ahora son promotores de una aduladora docilidad y sumisión política, que va desde el culto a la personalidad, la zalamería y la proeza argumentativa de defender lo indefendible (comúnmente conocida como maroma), hasta la reacción exacerbada y obscena contra quienes se le oponen ideológicamente.

¿Qué están promoviendo los oficialistas? La legitimación del servilismo.

Esta práctica, les juega a favor de momento, ya que se sienten identificados con el gobierno al cual le aplauden al unísono, aunque la visión es cortoplacista, en el carrusel de la alternancia, el día de mañana pueden llegar a tener un régimen en el otro espectro político, una derecha radical por ejemplo. Todo lo que ahora promueven, lo cosecharán en ese futuro hipotético, el servilismo será una práctica legitimada, eso les complicará revirar y cambiar la dinámica del discurso. Bien dicen que nadie sabe para quien trabaja.

Sostener que con un gobierno sí es válido exigir y con otro no, atiende a fanatismos e idolatrías, o en el peor de los casos, a manipulaciones ruines. Los políticos son perfectibles, cambiantes y de quienes debe desconfiarse por su simple condición humana. Es irracional y absurdo pretender otorgarles a nuestros gobernantes una condición cuasidivina, donde la crítica hacia ellos, dejó de ser socialmente deseable, y por el contrario, se convirtió en un acto blasfemo, mezquino y de traición patriótica.

El poder es como el fuego, su naturaleza es abrasa¬dora y mientras no sea contenido, terminará en incendio. El servilismo es el oxígeno que aviva las llamas, la crítica en cambio, le hace replegarse o al menos, le contiene.

https://twitter.com/litrueba

*Licenciada en Derecho por la Universidad de Guanajuato



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