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Domingo , 21.04.2019 / 19:20 Hoy

Análisis político y de coyuntura

El Ministerio de la Verdad

Lía Trueba

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“Es un castigo a la política neoliberal que se aplicó en los últimos años, (…) nos tocó pagar los platos rotos”, más menos, es lo que dijo el Presidente en referencia a la reducción de estable a negativa, de la perspectiva de PEMEX y CFE por parte de S&P Global Ratings, lo cual de acuerdo al comunicado de prensa de la propia calificadora, se dio entre otras cosas, por la cercanía del gobierno con dichas empresas, el cambio en algunas políticas públicas dirigido a reducir la participación de la iniciativa privada en el sector energético, aunado a otros eventos que han afectado negativamente la confianza de los inversionistas, (como la cancelación del aeropuerto en Texcoco).

Es decir, se hizo una calificación de riesgo de crédito, prospectiva y no retrospectiva, tomando en cuenta algunas acciones del presente gobierno, -en resumen-, todo lo contrario a lo que se dijo en el habitual sermón oficial. Paradójicamente, no se está castigando al «neoliberalismo» sino que se señala como negativa, la ausencia de este. Las empresas calificadas son un monumento al intervencionismo estatal, la forma en que se manejan y han manejado, no puede ser más contraria al liberalismo económico, (esa política rapaz, que en voz de nuestro mandatario, es la única culpable de los saqueos de los últimos 36 años).

Posteriormente, pidió a las calificadoras tomaran en cuenta «la variable del combate a la corrupción», esto como afirmación de que su gobierno ciertamente está acabando con la misma lo que impacta positivamente en la economía, cosa que nunca nos ha quedado del todo claro cómo se está logrando, a menos que en efecto, se pueda erradicar el saqueo mediante decreto.

La mala, es que algunas voces autorizadas están advirtiendo riesgos a la estabilidad macroeconómica, derivado de ciertas acciones y determinaciones del nuevo gobierno, pero la peor, la más inquietante, es la forma como la administración encara las situaciones adversas, difícilmente serán culpables de algo, su facilidad para lavarse las manos, para mentir descaradamente, para proferir falacias o argumentos simplistas con la intención de ofuscar la inteligencia de los escuchas, es su marca y la clave de su defensa.

¿Cuántas personas realmente tendrán el interés de detectar la contradicción y lo absurdo de las excusas que les ayudan a librarlas todas, saliendo prácticamente ilesos?

Como es costumbre en este espacio, viene la dramática comparación, «El Ministerio de la Verdad» en la novela distópica de George Orwell (1984), era la agencia encargada de manipular o destruir la evidencia documental histórica de todo tipo, para conseguir que los relatos del pasado coincidieran con la versión oficial de la historia, creando una nueva verdad, la verdad del Estado.

La 4T tiene su propia verdad, ellos siempre «tienen otros datos», ellos tienen el mandato divino de descubrir ante nuestros ojos, lo que por tanto tiempo nos ocultaron otros gobiernos para así poder saquearnos y esclavizarnos, coludidos por supuesto, con «los capitalistas» (esos hombres gordos y malvados, de chaqueta larga y sombrero de copa, tal como los relatos de la sociedad Orwelliana). Los que contradicen al partido hegemónico, son los mentirosos, los chantajistas, las rémoras del antiguo régimen que insisten en mantenernos en ese engaño en el que vivimos por tantos años, les duele que perdieron, les duele que la 4T les tiró de un manotazo de 30 millones de votos, - su feudo y el sombrero cilíndrico que solo ellos podían portar-.

Es infame y perverso que nuestros políticos conduzcan de esta manera la narrativa ante el escrutinio público, son mercaderes de la ignorancia, del desinterés y del desencanto, la mentira reiterada que se vuelve verdad, entre más inverosímil sea el relato, entre más cínicas las premisas, mayor es la popularidad y menores son sus ánimos de rendir cuentas.

Esta dinámica en el discurso, es una estrategia insidiosa de comunicación para inmunizarse ante cualquier señalamiento externo al régimen, cada vez que se les permite esta la salida y se tiende a banalizar sus prácticas, les estamos otorgando un poder colosal, los dejamos volverse invulnerables, invencibles. Al parecer sí, llegaron para quedarse.

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