El jueves pasado, Banco de México sorprendió con la decisión de bajar la tasa de interés en 0.25 por ciento. El entorno global es de pausa, de presiones inflacionarias y de prudencia. Coyunturalmente, la inflación ha repuntado; en el caso de México, impulsada por algunos productos agropecuarios. Y muy probablemente estas presiones continúen, sobre todo por el impacto que pueden tener los precios del petróleo en lo subsecuente.
Visto de esta manera, y con lo que se vislumbra hacia adelante, puede decirse que el Banco de México se precipitó y no fue del todo cauto.
También hay mucha gente que asegura que el banco ha perdido autonomía y que se ha alineado a la Presidencia. No lo creo. Quiero pensar que seguirá siendo autónomo y que no acepta presiones de ningún tipo.
La semana pasada yo decía que ojalá se atreviera a bajar la tasa, y aquí están mis razones:
1. Disminuir el costo de la deuda. Bajar tasas implica ahorrar miles de millones de pesos en intereses y mejorar el estado general de las finanzas públicas.
2. Promover el crecimiento económico. Un entorno de dinero y crédito más barato puede incentivar la actividad económica. No es inmediato, pero sí relevante.
3. Provocar un ajuste en el tipo de cambio. Un peso muy apreciado termina afectando a distintos sectores de la economía. Un movimiento hacia niveles cercanos a 18.30 por dólar (o incluso mayores) puede aliviar esas presiones.
4. Hay espacio frente a Estados Unidos. La tasa de la Reserva Federal está en alrededor de 3.75 por ciento, mientras que en México quedó en 6.75 por ciento. Es decir, todavía existe un diferencial cercano a tres puntos porcentuales.
En lo personal, me gustó la decisión, y espero que la inflación futura no complique el panorama y obligue a Banxico a revertir el movimiento. Pero también hay un argumento completamente válido en sentido contrario.
El mandato del banco central es uno: combatir la inflación. Bajo esa lógica, no debió bajar la tasa. Y quien piense así, también tiene razón.
Esta semana seguirá siendo dependiente de factores externos. En particular, de la evolución del conflicto con Irán, que seguirá influyendo en variables clave como el petróleo.
La principal referencia económica será la creación de empleo en EU, un dato que suele marcar el tono de los mercados y de la política monetaria global.