El cartujo vuelve una y otra vez a la Biblia, en ocasiones, debe confesarlo, espoleado por las frecuentes citas del libro sagrado en Palacio Nacional, santuario del laicismo mexicano. En estos días, de gloria para la 4T por la elogiada iniciativa para reformar el sistema de ahorro para el retiro y el nombramiento por consenso de los nuevos consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE), lo ha hecho nuevamente.
En Lucas (18:9-14) relee la parábola del fariseo y el publicano, en la cual ambos personajes entran al templo para orar. El primero lo hace de pie, diciendo: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano”. Mientras el publicano, sin levantar la vista, pide perdón por sus pecados.
En México, entre los políticos (casi) nadie admite sus faltas, excepto si puede lograr algo a cambio. Ni los corruptos del pasado ni los virtuosos del actual régimen son capaces de un verdadero acto de contrición, de pedir perdón cuando se equivocan.
En la 4T muchos, sobre todo los más radicales, viven para enaltecerse. Siguiendo a su pastor rechazan ser ambiciosos vulgares, aunque lo sean. Así sucede con el multimillonario Manuel Bartlett Díaz, promotor de las más contaminantes fuentes para generar energía.
Así pasa también con John Ackerman y su esposa Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública, dueños de un significativo patrimonio inmobiliario y sigilosos propulsores del nepotismo, como lo ha denunciado Guillermo Sheridan.
Como director del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad de la UNAM, Ackerman, entre otros favores a su familia política, le ha dado trabajo a la señora Rebeca Ballesteros y a su hija Marisol Espejel Ballesteros, tía y prima, respectivamente de Irma Eréndira. Lo cual es solo una mínima muestra de su fariseísmo, de su interés de velar solo por sus intereses y los de los suyos, lo cual es más evidente cuando no logra sus deseos, como imponer a una amiga como consejera del INE.
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.