Como seguramente sabe doña María Estela Ríos González, ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación bendecida por los democráticos acordeones en la elección judicial, además de gravidez, la palabra embarazo tiene más acepciones, entre otras: molestia, atolladero, tropiezo. En este sentido, en la SCJN no han sido pocos los embarazos, el último de ellos la afirmación, luego matizada, de la abogada Ríos González al decir: los “nacidos in vitro […] a lo mejor […] no forman parte de la familia”.
Para ella, y para quienes así piensen, va esta reflexión de una mujer saludable, deportista, a quien se le negó el deseo de ser madre, a pesar de años de esfuerzos, de gastos, de ilusiones derrotadas por el paso del tiempo. A petición del cartujo, ella escribe:
“Un embarazo puede ser un error. Uno puede arrepentirse. Hay embarazos no deseados.
“Pero alguien que busca un hijo mediante fertilización asistida (inseminación artificial, in vitro, etcétera) no lo hace por error o por descuido. Es, si acaso, un hijo mucho más deseado. El proceso es caro, carísimo, si se considera que muy pocas veces funciona al primer intento. Es angustioso. Es tardado. Es doloroso. Implica semanas de inyecciones hormonales, análisis, exploraciones físicas, extracción de óvulos, implantación de embriones.
“Uno acude a la fertilización asistida porque quiere un hijo que no ha podido concebir. Paga, espera, se angustia, se aguanta. Le apuesta todo a la capacidad de la ciencia de darle eso que la naturaleza le ha negado. Pero ni la ciencia es omnipotente, y falla con una frecuencia aterradora. (Estadísticamente, es más probable que un intento de in vitro falle a que tenga éxito, y por lo general hacen falta entre 3 y 6 ciclos para lograr un embarazo viable). Esas veces, tristes, decepcionantes, desgarradoras, en que el éxito no llega nunca, lo fuerzan a uno a claudicar. Entonces se queda fuera, del otro lado de un inmenso abismo, contemplando lo que nunca podrá tener, lo que otros tienen muchas veces sin pensar: un hijo. Un hijo que le permitiría formar una familia”. ¿Le queda claro, señora ministra?
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.