A la luz de una vela, el cartujo vuelve a las páginas de Vargas Llosa, su otra gran pasión (Planeta, 2025), de Pedro Cateriano. Es la biografía política del autor de La fiesta del Chivo, quien en 1953 formó parte de una célula del Partido Comunista Peruano en la Universidad Mayor de San Marcos, en los años sesenta fue entusiasta simpatizante de la revolución cubana, de la cual terminó decepcionado, evolucionando en los setenta hacia el liberalismo, siempre en defensa de la libertad de expresión y la pluralidad política. En un texto de 1967, escribe: “Pienso que el derecho a disentir y de oponerse al sistema no debe ser un privilegio de los escritores, sino un derecho común a todos los miembros de una sociedad”. Esa sería la constante a lo largo de su vida: el derecho a disentir.
A noventa años de su nacimiento (28 de marzo) y a punto de cumplirse un año de su muerte (13 de abril), Vargas Llosa sigue incomodando a sectarios de izquierda y derecha, a los tontos útiles en los medios y las redes sociales, a los políticos mendaces. En su ensayo “Instinto libertario y razón liberal”, ganador del concurso “El aporte de Mario Vargas Llosa al pensamiento liberal latinoamericano”, auspiciado por RELIAL, Fundación Internacional para la Libertad y Friedrich Naumann Foundation, Armando González Torres señala: “Como otros grandes intelectuales modernos, Vargas Llosa fue especialista en ‘decepcionar’ a aquellos ansiosos de sacralizar personajes y esperar respuestas invariables de sus ídolos y era muy frecuente que sus opiniones irritaran por igual a los distintos polos del espectro político”.
En México varias veces incendió praderas, en los noventa con la dictadura perfecta del PRI y este siglo con el populismo de Morena, avisando del “retroceso democrático” con un demagogo como AMLO en la presidencia de la República. En este sentido, en el primero y el segundo pisos de la 47, cada día el régimen le concede la razón a Vargas Llosa, para el cual la literatura “será siempre, no puede ser de otra manera, de oposición” y a quien González Torres define “inasimilable a cualquier rebaño”.
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.