El cartujo ruega piedad a todos los santos. Piensa en la soberbia de Morena y recuerda una frase del Manifiesto Comunista: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”. Luego de alardear superioridad moral y creerse en el lado correcto de la historia, varios herederos de AMLO se asoman al abismo. ¿Quién sigue?, se estarán preguntando en la antesala del infierno, mientras los esbirros de Donald Trump se frotan las manos.
No será suficiente el acoso judicial y político a Maru Campos, la imprudente gobernadora de Chihuahua, para desviar la atención sobre lo sucedido en las últimas horas; no lo será para calmar los nervios de Adán Augusto, Américo Villarreal, Marina del Pilar y Mario Delgado, entre otros a quienes la prensa y las filtraciones ubican en la mira de las autoridades de EU.
Nada será suficiente para apagar el horno donde se achicharra el futuro de tantos y tantas. Si les gustaran los boleros algo podrían haber aprendido de la canción de Luis Marquetti: “Las torres que en el cielo se creyeron, / un día cayeron, en la humillación”.
La Presidenta ha exigido pruebas al gobierno estadunidense para actuar en contra de Rubén Rocha Moya y sus cómplices. Tal vez su espera esté a punto de concluir y surjan las evidencias. Cuando eso suceda, probablemente llegue a su memoria la sentencia de Santa Teresa: “se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas”.
Enrique Díaz Vega, exsecretario de Administración y Finanzas de Sinaloa, y Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad Pública del estado, están en manos del Departamento de Justicia y sus testimonios provocarán, como dice la Biblia, “llanto y crujir de dientes”, sobre todo si como afirma Aakash Singh, subprocurador General Adjunto de EU, pretenden triplicar el número de acusaciones contra políticos corruptos: “Si esto resulta desagradable para los funcionarios del gobierno mexicano y les ofende que lo estemos haciendo, no puedo pensar en nada que me importe menos. Si además los avergonzamos y humillamos en el proceso, entonces eso sería la cereza del pastel para nosotros”. Dios nos ampare.
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.